¿Mamá de una? ¿mamá de dos?

Ale nació cuando Ana tenía 9 años. Antes de ese momento fui mamá de una sola hija y fue muy bueno. Afrontamos varios retos y crecimos juntas, entre la universidad, mi trabajo y pasar de vivir con mis papás a tener mi propia familia, el tiempo se fue volando. Luego llegó Ale y nos acomodamos con mucha naturalidad, como si supiéramos qué hacer y cómo, además. Ana se convirtió en hermana mayor y me convertí en mamá de dos (chancletas…). Y así ha sido, en esa realidad nos desenvolvemos, en esa realidad somos y nos conocemos, aprendemos y nos equivocamos y cada una tiene un rol que varía según la situación, pero son todos ya conocidos. Puedo decir que las tres sabemos (con algo de certeza) qué dirá o hará la otra en determinada situación. Cuando falta una decimos: «es que «Anita/Ale» sabría que hacer, la necesitamos…».

Y cuando ya estamos las tres surge esta suerte de complicidad, sabemos quién, sabemos qué. Ale es la amorosa, la habladora, la que sabe qué decir para calmar cuando las otras dos andamos en crisis. Ana es la fuerte, la poderosa, todo sabe, todo lo hace bien (cree). Y recurrimos a ella constantemente para saber su opinión acerca de la ropa que nos pusimos, el maquillaje, la actitud, blablablabla. Es nuestra gurú. Yo, bueno, que lo digan ellas, pero digamos que pongo la cuota de humor, de demencia y también la cuota renegona (una grande). Ah y también alimento al equipo de tres… Pero dejaremos de ser tres en breve y no sé cómo ser.

Me explico, Ana viaja en menos de tres semanas, se va a otro lado del mundo y no regresará hasta el próximo año, cuando el 2020 ya esté bien empezado. Seremos Ale y yo, solo las dos. Y si bien los hijos no dejamos de recurrir a nuestros papás/mamás para lo que sea, desde lo más pequeño a lo más grande, pues la distancia va a ser una variable que antes no había intervenido y físicamente seremos: Ale y Lu. Y, ciertamente, no sé cómo ser la mamá de solo una (adolescente, encima). No dejo de ser la mamá de Ana, pero con 20 añazos y lejos, pues las cosas cambian, o deberían cambiar en algo, llevándola a ella (y a mí) a un contexto más independiente, de recursos propios, a otro nivel de madurez.

Entonces, Ale y yo. ¿Cómo va a ser eso? Acabamos de pasar un fin de semana largo, solas. A partir de esa experiencia puedo pronosticar aires de dificultad en el futuro. Ana y yo somos muy parecidas, Ale y yo somos todo lo contrario y, la verdad, es que ese no es un problema. Ambas son extraordinarias, distintas, y maravillosas. Estoy entendiendo a Ale, dejó de ser mi bebé, que para todo pedía permiso, a ser más autónoma, a decidir en base a sus preferencias, ahora toma riesgos que no son los de subir al tobogán más alto mientras está en el parque, toma decisiones en base a sus sentimientos, a las relaciones que establece, que definen, además, cómo van siendo sus días. Está entendiendo el mundo que la rodea y, como a casi todos a su edad, le cuesta aceptar ciertas cosas de ella misma y del resto, pero ahí sigue. Y es vehemente, es un corazón andando, llena de información que va procesando. She Moves In Her Own Way…

En menos de tres semanas seremos ella y yo, buscando entendernos, siendo quienes somos y buscando que todo funcione. Tengo mucha expectativa acerca de esta «nueva etapa» para ella y para mí, quizás debería bajarle a la expectativa, quizás todo resulte fluyendo, como siempre.

Hablamos,

Lu

1 comment

  1. Creo que todo fluirá hasta crear una nueva normalidad. Quisiera creer que puedo criar niños tan sanos como los tuyos y lograr que tengan coraje y empuje como tu Anita para cruzar el charco y vivir esta aventura!!! Buena vibra para las tres

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