Acerca de estar sol@

Hace tan solo unos días, y 36 años después, me quedé sin lunar. Sí, sin mi marca personal, sin mi sello, sin ese óvalo que nació conmigo en mi mejilla derecha. Me quedé también sin “la mosca”, sin el “tienes algo en la cara”, sin los molestos comentarios que de niña me hacían otros niños y que me afectaban muchísimo. Y la decisión no fue estética, hace muy poco les contaba acerca de él en esta nota. Cuando ya estaba segura de tenerlo, cuando ya lo llevaba con orgullo, pues se tuvo que ir. Independientemente de las razones (que fueron tres, y fueron suficiente), algo que pasó fue que -como siempre- decidí ir a mi cirugía sola (tal como lo hice en una quimio que me hicieron el año pasado), decidí tomar mi carro, ir a la clínica, decirle chau al lunar, volver a mi carro e ir a mi casa. Pero esta vez, […]

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¡No volverás a dormir jamás!

Por esas casualidades de la vida me crucé en el camino hacia la oficina con una persona a la que no veía hace un tiempo. Debo para aquí y decir algo acerca de esta persona, intrascendente mi dato, pero que debo decirlo pues, resulta que es el churro más churro de Lima y alrededores, guapísimo, alto, sonrisa hermosa, mirada bonita, cara de buena persona y ese cabello largo que va al viento. Bueno, algo iba a contarles, pero ya no me acuerdo 😛 Ah sí, sí. Resulta que hablaba con el churro, digo con “Papacito” y le preguntaba cómo le iba, está casado (buuuu) y dentro de un par de meses será papá (por eso vamos a llamarlo Papacito pues). Me contaba que estaba muy bien, que su bebé es hombrecito y que ya habían escogido su nombre. “Oh, qué maravilla”, le dije (mientras apreciaba su sonrisa bonita). Y en ese momento sentí que debía […]

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El arte de contar historias

Los niños, en general, tienen una manera alucinante de contar cuestiones sumamente sencillas. Algunos, los más chiquitos, los que comienzan a amarrar una palabra con otra, hacen estas pausas hermosas en las que respiran, alargan la primera letra de la palabra que dirán, dicen “no, no, eso no” y se corrigen solitos. Y una oración les puede tomar varios minutos. Están también los que hablan a la velocidad de un rayo, cien palabras por minuto, sin parar, sin respirar, que termina sin aliento y dicen: “y, y, y…” y siguen hablando. Están los que hablan y mueven el cuerpo completo, y marean, y van llevando tu mirada de arriba a abajo y hacia el costado mientras el rededor se vuelve el escenario en el que sucedió la historia que nos cuentan. Marean y mucho, pero hay tanto entusiasmo en su relato que contagian. Están los que terminan contando una historia más grande que la que realmente sucedió, estos […]

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Sin título

De cuando las cosas no salen. De cuando la migraña te parte la cabeza en dos. De cuando el miedo te paraliza De cuando todo parece muy malo De cuanto todo parece no tener solución De cuando el presente, sientes, no está funcionando De cuando el futuro, presientes, no funcionará De cuando la fuerza lo es todo De cuando ya estás agotada y parece que la fuerza se acabó De cuando los ojos se te hacen agua cada 5 minutos De cuando necesitas un abrazo De cuando preferirías dormir 5 meses De cuando se hace necesario mandes volar todo lo escrito líneas arriba De cuando quedarte en el mismo lugar Ya No Es Una Opción. Lu

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Microteatro: obras de 15 minutos

En Microteatro captamos la esencia de un tema y lo expresamos en un periodo corto de tiempo con un reducido número de espectadores. Ya había ido a ver algunas obras de Microteatro, algo escéptica porque cuestionaba el hecho de “vivir” un argumento en solo 15 minutos. De eso se trata Microteatro, 25 obras de entre 10 a 15 minutos, para 15 espectadores. La conclusión fue que sí, sí puedes vivir, trasmitir, emocionarte con una obra de 15 minutos. El esfuerzo de los actores y directores para condensar en sólo 15 minutos una historia es realmente un éxito. Las obras que fui a ver fueron geniales, pero resulta que Microteatro tiene obras para niños también, desde los 3 años hasta los 14, los sábados y domingos desde las 4pm hasta las 6pm La entrada para todos cuesta S/13, para las obras de la noche (que ya no son para niños) la […]

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Un miedo nuevecito

Alrededor de mis hijas se han generado las alegrías más grandes, felicidad genuina y demás emociones maravillosas. Pero también mis más grandes miedos. Uno de ellos, nuevo, nuevecito para mí, es el que vengo experimentando hace sólo unas semanas. Llevamos 4 años de custodia compartida, el papá de mis hijas y yo criamos juntos, estamos súper involucrados en todo lo referido a nuestras hijas y ellas van pasando por situaciones y experiencias que desde la perspectiva de cada uno de nosotros les vamos generando. Conocen nuevas personas a través de su papá y a través mío, personas con las que se involucran, con las que comparten, con las que van formando historias. Esto me parece fabuloso, enriquecedor, hasta que Ale comenzó a nombrar a alguien que sabía hacer muchas cosas que a ella le gustan, luego fue Anita. “La amiga de papá hace esto…”, me dijo el otro día, “seguro le gustará esto y también lo otro…”. Y ahí […]

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Calle “Las moras”

Cada vez que puedo -que últimamente es todas las mañanas- voy a un café que queda muy cerca de mi casa. Tienen un ristretto que para qué te cuento, ve y pruébalo. Y además de disfrutar del café, cada vez que voy a este lugar me gusta recoger las moras que encuentro -en abundancia- en la vereda. Recuerdo claramente cuando tenía 8 ó 9 años y mi mamá me recogía del colegio, caminábamos de regreso a nuestra casa y en el camino pasábamos por un árbol de mora. Mi mamá me animaba a subir al árbol y sacar moras: “¿no quieres?”, me decía súper cómplice. Y yo me colgaba y le iba pasando las moras maravillosas, y mientras andaba super metida en mi hazaña escuchaba el grito de mi mamá: “señoraaaaa, ¡hay una niña colgada de su árbol de moras!”. Y me veías tirándome del árbol, asustada, con moras por todos […]

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El lunar

Tengo un lunar en la mejilla desde que nací. Dice mi mamá que en cuanto salí de la panza le dijeron: “wooowwww qué tal lunar tiene esta niña” y que ella creyó que tenía un lunar del tamaño de mi cara. Era más pequeño, desde aquel momento me llamó “lunareja”. De niña no lo aceptaba, me molestaban, me creaba una inseguridad tremenda. Pasé años rogando que se vaya, que se borre, que se haga chiquito. No sé en qué punto de mi vida mi lunar se convirtió en mi marca personal, ponía un dedo sobre él y decía “no, sin mi lunar no soy yo”. En efecto, mi lunar no me define, me define aquello que pienso y hago, pero hoy me gusta, hoy acepto ser la lunareja. Y durante mucho tiempo cuando era pequeña, llegué a sentir que los niños podían llegar a ser muy crueles con aquello que les parecía distinto, […]

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