El arte de contar historias

Los niños, en general, tienen una manera alucinante de contar cuestiones sumamente sencillas. Algunos, los más chiquitos, los que comienzan a amarrar una palabra con otra, hacen estas pausas hermosas en las que respiran, alargan la primera letra de la palabra que dirán, dicen “no, no, eso no” y se corrigen solitos. Y una oración les puede tomar varios minutos. Están también los que hablan a la velocidad de un rayo, cien palabras por minuto, sin parar, sin respirar, que termina sin aliento y dicen: “y, y, y…” y siguen hablando. Están los que hablan y mueven el cuerpo completo, y marean, y van llevando tu mirada de arriba a abajo y hacia el costado mientras el rededor se vuelve el escenario en el que sucedió la historia que nos cuentan. Marean y mucho, pero hay tanto entusiasmo en su relato que contagian. Están los que terminan contando una historia más grande que la que realmente sucedió, estos […]

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Sin título

De cuando las cosas no salen. De cuando la migraña te parte la cabeza en dos. De cuando el miedo te paraliza De cuando todo parece muy malo De cuanto todo parece no tener solución De cuando el presente, sientes, no está funcionando De cuando el futuro, presientes, no funcionará De cuando la fuerza lo es todo De cuando ya estás agotada y parece que la fuerza se acabó De cuando los ojos se te hacen agua cada 5 minutos De cuando necesitas un abrazo De cuando preferirías dormir 5 meses De cuando se hace necesario mandes volar todo lo escrito líneas arriba De cuando quedarte en el mismo lugar Ya No Es Una Opción. Lu

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Microteatro: obras de 15 minutos

En Microteatro captamos la esencia de un tema y lo expresamos en un periodo corto de tiempo con un reducido número de espectadores. Ya había ido a ver algunas obras de Microteatro, algo escéptica porque cuestionaba el hecho de “vivir” un argumento en solo 15 minutos. De eso se trata Microteatro, 25 obras de entre 10 a 15 minutos, para 15 espectadores. La conclusión fue que sí, sí puedes vivir, trasmitir, emocionarte con una obra de 15 minutos. El esfuerzo de los actores y directores para condensar en sólo 15 minutos una historia es realmente un éxito. Las obras que fui a ver fueron geniales, pero resulta que Microteatro tiene obras para niños también, desde los 3 años hasta los 14, los sábados y domingos desde las 4pm hasta las 6pm La entrada para todos cuesta S/13, para las obras de la noche (que ya no son para niños) la […]

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Un miedo nuevecito

Alrededor de mis hijas se han generado las alegrías más grandes, felicidad genuina y demás emociones maravillosas. Pero también mis más grandes miedos. Uno de ellos, nuevo, nuevecito para mí, es el que vengo experimentando hace sólo unas semanas. Llevamos 4 años de custodia compartida, el papá de mis hijas y yo criamos juntos, estamos súper involucrados en todo lo referido a nuestras hijas y ellas van pasando por situaciones y experiencias que desde la perspectiva de cada uno de nosotros les vamos generando. Conocen nuevas personas a través de su papá y a través mío, personas con las que se involucran, con las que comparten, con las que van formando historias. Esto me parece fabuloso, enriquecedor, hasta que Ale comenzó a nombrar a alguien que sabía hacer muchas cosas que a ella le gustan, luego fue Anita. “La amiga de papá hace esto…”, me dijo el otro día, “seguro le gustará esto y también lo otro…”. Y ahí […]

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Calle “Las moras”

Cada vez que puedo -que últimamente es todas las mañanas- voy a un café que queda muy cerca de mi casa. Tienen un ristretto que para qué te cuento, ve y pruébalo. Y además de disfrutar del café, cada vez que voy a este lugar me gusta recoger las moras que encuentro -en abundancia- en la vereda. Recuerdo claramente cuando tenía 8 ó 9 años y mi mamá me recogía del colegio, caminábamos de regreso a nuestra casa y en el camino pasábamos por un árbol de mora. Mi mamá me animaba a subir al árbol y sacar moras: “¿no quieres?”, me decía súper cómplice. Y yo me colgaba y le iba pasando las moras maravillosas, y mientras andaba super metida en mi hazaña escuchaba el grito de mi mamá: “señoraaaaa, ¡hay una niña colgada de su árbol de moras!”. Y me veías tirándome del árbol, asustada, con moras por todos […]

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El lunar

Tengo un lunar en la mejilla desde que nací. Dice mi mamá que en cuanto salí de la panza le dijeron: “wooowwww qué tal lunar tiene esta niña” y que ella creyó que tenía un lunar del tamaño de mi cara. Era más pequeño, desde aquel momento me llamó “lunareja”. De niña no lo aceptaba, me molestaban, me creaba una inseguridad tremenda. Pasé años rogando que se vaya, que se borre, que se haga chiquito. No sé en qué punto de mi vida mi lunar se convirtió en mi marca personal, ponía un dedo sobre él y decía “no, sin mi lunar no soy yo”. En efecto, mi lunar no me define, me define aquello que pienso y hago, pero hoy me gusta, hoy acepto ser la lunareja. Y durante mucho tiempo cuando era pequeña, llegué a sentir que los niños podían llegar a ser muy crueles con aquello que les parecía distinto, […]

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Desde hace un mes

Un mes después desde la última vez que estuve aquí, me propongo escribir. Suena mi canción favorita, la más favorita de las favoritas como diría Ale. Tengo tanto por hacer, le robo días al calendario para poder lograr lo que busco. A veces estoy tan agotada que “no hay manera de seguir”, me sentencio a mi misma. Escribir es terapéutico, escuchar música y tomar vino también. A las dos últimas le voy siempre, pero a la primera debo darle algo de orden. Intenté escribir por aquí todos los días, ya vi que no hay manera. Me ordeno entonces y tengo una nueva meta: escribir dos veces a la semana, martes y viernes. No, mejor no me pongo días específicos, que sean cuando tengan que ser, pero que sean dos. Otra cosa que me “limita” a escribir, además de tener tan poco tiempo, es que en esta nueva etapa del blog quiero […]

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Cambio de planes

Algo me pasaba hace unos años, felizmente hace varios años, tenía algo en la cabeza que quería que pase, que quería lograr que pase. Y ahí me veías, metida totalmente, alma, corazón y vida, hasta lograrlo. Pero como en todo, uno no está solo, dependemos de otras personas, de sus propios planes, de la manera cómo ven las cosas, y no podemos -no debemos- controlar nada de eso, entonces algo no salía como lo estaba esperando y me envolvía la rabia, la frustración. ¡Yo lo quería de tal manera!, me envolvía la inmadurez. Y eso no era lo peor, la parte más trágica estaba en que no podía disfrutar de lo que ya había conseguido, porque no era como yo lo había imaginado en mi cabeza pues. Podía ser mejor aún, pero no, no lo veía. Incapaz de ver más allá, incapaz de abrazar el camino y el resultado final. […]

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