El estrés

Se conoce como estrés al sentimiento de tensión o presión física, emocional, y en muchos casos, mental. Esta tensión ocurre como respuesta a algún tipo de estímulo que es percibido por el individuo, generalmente de forma inconsciente, como un peligro.

Generalmente, se entienden tres etapas principales del estrés: etapa de alarma, en la que el cuerpo envía más sangre a los miembros para preparar el cuerpo en caso de escape o lucha; etapa de resistencia, o adaptación al estrés para mantenerse alerta hasta que el peligro pase, si es que pasa; y etapa de agotamiento, si no se percibió una solución al peligro, el cuerpo termina agotando su energía.

Causas

Aunque existen varios tipos de estrés especializados, en general el estrés es causado por sensaciones de miedo e incertidumbre, que causan que el cuerpo se alerte como un método de defensa ante dicho riesgo.

En la vida cotidiana, las causas puede ser internas: depresión, ansiedad, pena, enojo, enfermedad, o externas: dificultades financieras, dificultades en relaciones interpersonales, fallecimientos de seres queridos.

Efectos

Entre los efectos más severos del estrés están las diferentes afectaciones al cuerpo, pero también mentales, emocionales y de comportamiento, por lo que es de suma importancia mantener el estrés bajo revisión constante.

Entre los efectos más básicos y comunes se encuentran: pérdida de energía, jaquecas, problemas estomacales, dolor muscular, y en casos más severos, bajas defensas que llevan a resfriados e infecciones, problemas cardíacos, alta presión arterial, obesidad, diabetes, insomnio, entre otros.

Hay que recordar que estos efectos pueden a largo plazo y no necesariamente por una súbita explosión de estrés, por lo que pueden pasar desapercibidos hasta que ya han generado un daño evidente. Es por ello que, aunque resulta imposible evitar el estrés al cien por ciento, es importante observarlo cuidadosamente y asegurarse de que los niveles sean aceptables.