¿Un solo regalo?

Creo que antes ya les había comentado -esta página va a cumplir 10 años así que te todas maneras les debo haber contado- que cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, en navidad mi papá y mi mamá nos daban un regalo a cada uno. Uno solo, no dos, no tres. Y esperábamos recontra ansiosos que llegara el día de navidad para saber qué nos habían regalado, porque jamás nos daban ni una pista, mi mamá se encargaba de decir sí a todo y mi papá de decir no: Mamá, ¿me vas a regalar la pelota esa que tiene unos colores bien bonitos? Sí, claro. Papá, ¿me vas a regalar la pelota esa que tiene unos colores bien bonitos? No. Recontra confundidos nos tenían, pero era alucinante porque nuestra expectativa estaba a mil. Luego de las palabras de mi papá a las 12 en punto -sí, él nos daba su mensaje a la […]

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He renunciado

A mi vida laboral, a mis horarios interminables, a las reuniones (también interminables). He renunciado a mi comodidad, a tener un sueldo, un carro con gasolina y todos los beneficios que puedas imaginar. He renunciado a sentirme adormecida. Un año completo me tomó finalmente decidirme, un año de aguante, de ningún norte. Un año sintiéndome culpable porque abandonaba el reto laboral (cuando el reto ya me había abandonado a mí). Un año despertando cada día pensando en “qué hago hoy para no desmotivarme, para no caerme, para avanzar”. Estaba agotada, estaba realmente agotada, mentalmente agotada. Pensaba en cómo haría con mis compromisos de pago, tengo una hija en la universidad, una en el colegio, una casa, la luz, el agua…, tenía y sigo teniendo pagos que hacer a fin de mes. Entonces, ¿cómo haría? no tengo ahorros, ¿cómo haría entonces, ¿cómo?.. Así, un año completo. Hasta que finalmente tomé la decisión […]

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Acerca de estar sol@

Hace tan solo unos días, y 36 años después, me quedé sin lunar. Sí, sin mi marca personal, sin mi sello, sin ese óvalo que nació conmigo en mi mejilla derecha. Me quedé también sin “la mosca”, sin el “tienes algo en la cara”, sin los molestos comentarios que de niña me hacían otros niños y que me afectaban muchísimo. Y la decisión no fue estética, hace muy poco les contaba acerca de él en esta nota. Cuando ya estaba segura de tenerlo, cuando ya lo llevaba con orgullo, pues se tuvo que ir. Independientemente de las razones (que fueron tres, y fueron suficiente), algo que pasó fue que -como siempre- decidí ir a mi cirugía sola (tal como lo hice en una quimio que me hicieron el año pasado), decidí tomar mi carro, ir a la clínica, decirle chau al lunar, volver a mi carro e ir a mi casa. Pero esta vez, […]

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¡No volverás a dormir jamás!

Por esas casualidades de la vida me crucé en el camino hacia la oficina con una persona a la que no veía hace un tiempo. Debo para aquí y decir algo acerca de esta persona, intrascendente mi dato, pero que debo decirlo pues, resulta que es el churro más churro de Lima y alrededores, guapísimo, alto, sonrisa hermosa, mirada bonita, cara de buena persona y ese cabello largo que va al viento. Bueno, algo iba a contarles, pero ya no me acuerdo 😛 Ah sí, sí. Resulta que hablaba con el churro, digo con “Papacito” y le preguntaba cómo le iba, está casado (buuuu) y dentro de un par de meses será papá (por eso vamos a llamarlo Papacito pues). Me contaba que estaba muy bien, que su bebé es hombrecito y que ya habían escogido su nombre. “Oh, qué maravilla”, le dije (mientras apreciaba su sonrisa bonita). Y en ese momento sentí que debía […]

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El arte de contar historias

Los niños, en general, tienen una manera alucinante de contar cuestiones sumamente sencillas. Algunos, los más chiquitos, los que comienzan a amarrar una palabra con otra, hacen estas pausas hermosas en las que respiran, alargan la primera letra de la palabra que dirán, dicen “no, no, eso no” y se corrigen solitos. Y una oración les puede tomar varios minutos. Están también los que hablan a la velocidad de un rayo, cien palabras por minuto, sin parar, sin respirar, que termina sin aliento y dicen: “y, y, y…” y siguen hablando. Están los que hablan y mueven el cuerpo completo, y marean, y van llevando tu mirada de arriba a abajo y hacia el costado mientras el rededor se vuelve el escenario en el que sucedió la historia que nos cuentan. Marean y mucho, pero hay tanto entusiasmo en su relato que contagian. Están los que terminan contando una historia más grande que la que realmente sucedió, estos […]

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Sin título

De cuando las cosas no salen. De cuando la migraña te parte la cabeza en dos. De cuando el miedo te paraliza De cuando todo parece muy malo De cuanto todo parece no tener solución De cuando el presente, sientes, no está funcionando De cuando el futuro, presientes, no funcionará De cuando la fuerza lo es todo De cuando ya estás agotada y parece que la fuerza se acabó De cuando los ojos se te hacen agua cada 5 minutos De cuando necesitas un abrazo De cuando preferirías dormir 5 meses De cuando se hace necesario mandes volar todo lo escrito líneas arriba De cuando quedarte en el mismo lugar Ya No Es Una Opción. Lu

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Un miedo nuevecito

Alrededor de mis hijas se han generado las alegrías más grandes, felicidad genuina y demás emociones maravillosas. Pero también mis más grandes miedos. Uno de ellos, nuevo, nuevecito para mí, es el que vengo experimentando hace sólo unas semanas. Llevamos 4 años de custodia compartida, el papá de mis hijas y yo criamos juntos, estamos súper involucrados en todo lo referido a nuestras hijas y ellas van pasando por situaciones y experiencias que desde la perspectiva de cada uno de nosotros les vamos generando. Conocen nuevas personas a través de su papá y a través mío, personas con las que se involucran, con las que comparten, con las que van formando historias. Esto me parece fabuloso, enriquecedor, hasta que Ale comenzó a nombrar a alguien que sabía hacer muchas cosas que a ella le gustan, luego fue Anita. “La amiga de papá hace esto…”, me dijo el otro día, “seguro le gustará esto y también lo otro…”. Y ahí […]

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Calle “Las moras”

Cada vez que puedo -que últimamente es todas las mañanas- voy a un café que queda muy cerca de mi casa. Tienen un ristretto que para qué te cuento, ve y pruébalo. Y además de disfrutar del café, cada vez que voy a este lugar me gusta recoger las moras que encuentro -en abundancia- en la vereda. Recuerdo claramente cuando tenía 8 ó 9 años y mi mamá me recogía del colegio, caminábamos de regreso a nuestra casa y en el camino pasábamos por un árbol de mora. Mi mamá me animaba a subir al árbol y sacar moras: “¿no quieres?”, me decía súper cómplice. Y yo me colgaba y le iba pasando las moras maravillosas, y mientras andaba super metida en mi hazaña escuchaba el grito de mi mamá: “señoraaaaa, ¡hay una niña colgada de su árbol de moras!”. Y me veías tirándome del árbol, asustada, con moras por todos […]

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