Mis hijas, la novia de su papá, las familias reconstruidas

Ale me pidió estrellas de mar, debía llevarlas al colegio para una investigación. No sé cómo las conseguí, pero ahí estaban: 4 estrellas de mar. Ale y Ana estaban con su papá, esto fue hace casi un año. Ese fin de semana Fito (el Beagle de mis hijas) se comió las estrellas. El lunes Ale me contó lo que había pasado, le dije: “¡ay noooo, pero debías llevarlas hoy al cole!”, “no te preocupes mamá, Catalina me trajo todas las que necesitaba, eran lindas, de varios colores…” Esa fue la primera vez que sentí la presencia de la novia del papá de mis hijas -a.k.a Catalina-, en la vida de mis hijas.

Ambos llevaban juntos ya algunos meses, él me la quiso presentar en más de una oportunidad. Debo confesar que yo no quise, “es solo tu enamorada, sé feliz, no me integres”. Asumí que consolidarse en una relación le llevaría tiempo, mientras tanto no vi necesario mayor contacto. Con mis hijas sí lo había, no mucho, pero lo había y cada vez era mayor. Yo seguía distante. Debo hacer otra confesión, cada vez que Ale me hablaba de Catalina y de lo genial que era, yo moría un poco. Sentí mi rol de madre en peligro… Un “miedo” natural y absurdo a la vez, es como lo veo ahora, un «re-celo» normal.

El tiempo pasó. La historia entre el papá de mis hijas y yo es historia aparte, jamás perfecta, sí llena de aprendizaje. De paciencia de su lado, de empuje e intensidad de mi parte, con encuentros y también desencuentros. El tiempo siguió pasando. Un día, hace unos meses fue a mi casa, quería conversar conmigo. Me contó que se casaba, que estaba enamorado, que había decidido iniciar una vida con su -ahora- novia. En ese momento supe que ya no podía guardar distancia, que era necesario e inevitable que nos conozcamos, la familia pasaba de ser de a 4 (que jamás fue de menos), a ser de a 5.

Ilustración de Karina Cocq Muñoz

Pasó más en el entretanto. Ale, la amable Ale, no dejaba de contarme de Catalina, de la película que vieron, del juego que jugaron, de la conversación que tuvieron. Ana, mi valiente Ana, ella se tomó más tiempo para procesar, le costó pero siento que hoy ha entendido que saber que una persona que quieres mucho es feliz, sólo puede generarte felicidad. Ninguna noticia es mala cuando se trata de amor. El miedo del que hablaba al principio fue pasando, tomó lugar algo más poderoso aún, saber que mis hijas tenían un centro emocional, de contención, de soporte, más, uno más representado en Catalina. Los centros emocionales de nuestros hijos somos regularmente sus padres, dos, a veces solo 1. Ahí se suman los abuelos, las tías, el entorno, van apareciendo más centros, pero para que lo sean realmente las relaciones con nuestros hijos deben ser significativas, deben impactar en ellos. Catalina se convirtió en un centro, no sé si intencionalmente o más bien de manera espontánea, o las dos cosas a la vez, lo cierto es que su influencia es positiva para ellas.

Aquí debo aclarar algo. Catalina y yo no hemos tenido una conversación de más de 5 minutos hasta ahora, sustento lo que digo acerca de su impacto en mis hijas, por mis hijas. Porque las veo, las escucho, las siento. Catalina y yo nos conocimos el día de la celebración del cumple de Ale, era inevitable, y ahí vi lo que hoy les cuento. Una Ale encandilada con Catalina, abrazadas, conversando, en una cotidianeidad ligera y genuina. ¿Qué haces ante eso? Lo apoyas, lo promueves, lo respaldas. Al momento de la típica de foto de familia le pedí que se nos uniera, era la foto de LA familia, debíamos estar todos. Ese día todos fuimos por café a mi casa. Luego nos hemos visto alguna vez más en casa del papá de mis hijas, así será seguro muchas otras veces.

En más de una oportunidad me han preguntado, esperando una respuesta negativa, si todo bien con Catalina. Y sí, no somos amigas, ufff falta conocernos, seguro pasará, seguro habrá una copa de vino de por medio o una botella quizás. Pero aquí lo importante no soy yo, son mis hijas y la influencia que ella representa en sus vidas. Y no tendría por qué ser una relación negativa la que en el futuro -cercano o lejano- Catalina y yo establezcamos. No tiene que serlo, no quiero que sea así, no hay motivos para que sea así, ninguno. “Pero será la esposa de tu ex…”, ¿y?. En este momento siento que se me hace un nudo gigante en la garganta, existe una triste tendencia a imaginar una realidad tan oscura alrededor de las familias reconstruidas, soy consecuente con lo que le digo a mis hijas, porque genuinamente lo siento así: cuando alguien que quieres es feliz, sólo puedes ser feliz por esa persona. Yo soy feliz por el papá de mis hijas, nuestros rollos de crianza los iremos resolviendo, no somos perfectos y estamos en constante aprendizaje. Él merece ser feliz, todos lo merecemos. Sólo quiero paz para mis hijas, para mí, para las personas que quiero, es una construcción y decisión diaria, una promesa de familia.

Esta historia se sigue construyendo…

Hablamos,

Lu

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