Casi 20, casi 11, casi 38

Son las casi edades de mis hijas y la mía. En breve -yo seré la más breve porque mi cumple es este 21 de noviembre- todas cumpliremos años. Entre Ana y Ale hay 9 años de diferencia que si bien es una ventaja en muchos casos, en otras representa un reto que me cuesta. Entre que hay una casi adulta (digo casi porque a veces es una bebe aún, y no lo digo tan feliz eh) y una púber (o “puberta” como se hace llamar ella misma), la manera cómo abordo varias situaciones en casa no necesariamente es la misma, es decir, la esencia sí, pero la estrategia no.

Por ejemplo, para ambas, los espacios de reflexión ante una situación determinada son una necesidad (para todas las edades inclusive). Pero sobre qué se reflexiona en cada caso es distinto. Ale va entiendo qué significa ser tolerante, empática, a través de situaciones sumamente nuevas, como sus propios cambios de humor y los de su salón completo. Su cuerpo está cambiando y va encontrándose todos los días con algo nuevo, algo que veía en mi o en su hermana y ahora reconoce en ella misma y créanlo o no, esta novedad podría representar conflicto o ansiedad si no es bien manejada. Hace unos meses me contaba que le gustaba un niño, eso es nuevo por ejemplo, y le hice unas cuantas preguntas para tantear el terreno. Entre su roche y el intentar ponerle nombre a lo qué iba sintiendo, tuvimos una charla muy divertida. La idea es fomentar la comunicación, generar puentes entre nuestros hijos y nosotros que nos permiten saber qué va pasando por su cabeza, por sus corazones, darles orientación y aclarar sus dudas, o hasta cuestionarse juntos. Es ideal también no minimizar lo que van sintiendo: “eres chiquito/a, no sabes nada aún”. Mentira, lo que les pasa es su mundo, es su emoción, es importante, hay que estar a la altura.

Pero hasta aquí, las conversaciones con Alejandra son en muchos casos desde cero, recién está reconociendo cuestiones que para un adulto son ya conocidas, pero que al ser tratadas con un niño quizás deberían ser vistas primero a través de sus ojos para poder entender. En el caso de Ana, por ejemplo, me dan unas ganas de decirle “ya pasé por lo mismo, por favor ve por aquí o toma mejor esta decisión….”, pero lo cierto (y acuérdate cuando tenías 19 años) es que por más que tu mamá o tu papá te digan algo así, igualito lo vas a hacer y está bien. La teoría es buenaza, escuchando la experiencia de los demás también se aprende, pero aprendo más y me queda más claro si finalmente hago.  Y haciendo a veces saldrán bien las cosas y a veces las echaré a perder. Entonces, por más que me den ganas de darle la plana completa a mi hija, es necesario que ella adquiera experiencia haciendo. En este caso, básicamente, acompaño.

Ale pequeñita, cuando la conversación era acerca de plastelinas…

Los temas que hoy en día son los que Ale va explorando van desde la menstruación, cómo luce, hasta la igualdad de género, pasando por otros tantos. La percepción que va teniendo de sí misma es un topic de todos los días, pasa más tiempo frente al espejo, se pone el cabello detrás de la oreja, pone especial atención a lo que se pone, y todo esto -a su edad- es más que normal. La idea está en acompañar esta percepción de lo exterior con la construcción y fortalecimiento de lo que lleva dentro.

Con Ana los temas son otros, hablamos por ejemplo de “qué hacer en la vida, por la vida”, la búsqueda de propósito es la constante estos días, ¿será esto lo que quiero estudiar?, ¿cómo me veo de aquí a unos años?, etc., las relaciones de pareja, entender/comprender a la familia, a las personas que más queremos. Y si bien ella también está descubriendo nuevas situaciones, hace uso de recursos que aprendió hace mucho, hoy los ajusta, los calibra y los pone en acción. A diferencia de Ale que es más receptiva, Ana cuestiona más. Ale escucha atenta, luego somete a consulta aquello que no llega a comprender. Ana pelea su punto, intensa y a veces necia, cede algunas veces, otras muere en su ley (me recuerda a alguien, no voy a decir su nombre pero comienza con Lu…).

A veces no sé qué decir, a veces no sé cómo abordar lo que van poniendo sobre la mesa, a veces me da miedo formarles ideas que en lugar de ayudarlas las confunda, cuestiono algunas de mis creencias, las someto a consulta, a veces se quedan felices con mis respuestas y me ves orgullosa de lo que he logrado, a veces se quedan con una interrogante tremenda en la cabeza (miércoles, la regué!), y así vamos, un día a la vez. Voy consciente de mi rol, sabiendo que soy modelo para ellas y que como tal no es que no deba cometer errores, al contrario, soy modelo de ser humano que va aprendiendo por ensayo y error, y que más que mis palabras, son mis acciones las que más impactan sobre ellas.

Hoy tengo una conversación pendiente sobre los vellos en el cuerpo y acerca de la importancia de ser empáticos… Ya les iré contando a detalle cómo nos manejamos estas tres mujeres, no hay temas que sean tabú, en esta casa se puede hablar de todo

Hablamos,

Lu

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