Casi 6 meses

Han pasado casi 6 meses desde que renuncié a mi último trabajo, tenía una posición de mucha responsabilidad y un reto importante que había asumido hace 3 años. No era feliz y eso fue lo que motivó mi renuncia. No basta el puesto, no basta el sueldo, si no eres feliz, si no tienes un propósito, si no sientes que generas valor. Si esto te aleja además de las personas que más quieres y que más te quieren.

Y durante estos casi 6 meses he hecho de todo, he estado en la playa, he tenido las vacaciones que antes no había tenido, he estado mucho muy en contacto con mis hijas y -lo que más reconozco- es que he estado en contacto conmigo, cosa que no pasaba hace mucho. Vivimos como en automático, y sí, yo disfruto de la vida, salgo, conozco, veo, admiro, corro, salto, entro, me voy, pero todo era externo, no había reparado en mí, no lo suficiente. Esta vez, con tanto tiempo, no tuve otra que hacerlo. Y debo admitirlo, ha sido aterrador encontrarme conmigo misma.  Es decir, no me encontraba, tenía (aun tengo) tanto encima, pero tanto, que varias veces me he preguntado: ¿en serio Lucero, cómo podías?. He tenido que escarbar (y sigo haciéndolo) para poder encontrarme debajo de muchas cosas, aplastada, seriamente aplastada, casi irreconocible. “Así era yo”, me descubría a mí misma, sorprendida.

Es como si fuéramos creando capas para sobrevivir, para hacernos más fuertes pero no desde adentro, solo por encima. Por lo menos eso me pasó a mí. Pero me tocó ver que no había consistencia, que había trabajo personal por hacer y que iba a ser arduo, extenuante, molesto, doloroso, sin embargo era necesario. Y he bautizado este año como “el año de pensar”, he sometido a consulta personal varias cosas, situaciones, comportamientos, he cuestionado, me he re afirmado, he vuelto a armar conceptos. Al final de tanta reflexión, de hacerme un ocho, de castigarme y lapidarme por no ser “tan buena”, caí en algo más sencillo aún que hoy es mi mantra, que ya no me da con palo, que más bien me permite tener una visión menos indulgente conmigo misma, al final todo se resume en “y qué gano con esto”, con la súper cuestionada, con las horas de auto interrogatorio, con el desánimo y la molestia, “¿qué gano?”. Las respuestas eran tan malas que lo siguiente sólo podía ser bueno: “entonces avanza, suelta, respira y canta”. Y en eso estoy: ¿qué gano discutiendo? ¿qué gano renegando? ¿qué gano queriendo controlar situaciones y personas que no están bajo ninguna circunstancia en mi control? ¿qué gano?. Distancia, resentimiento, menos momentos de disfrute, y un largo y negativo etc…

Sin temor a equivocarme puedo decir -sabiendo que mis palabras crean realidades- que este ha sido (aunque aun no acabe) el peor año de mi vida y, es la vez, el mejor año de mi vida. Tuve que dejar mi departamento, mi hermosa casa de flores, me quedé sin carro, mi cuenta en el banco se hacía más chiquita cada día, al mismo tiempo se abría delante mío la posibilidad de reconsiderar cosas que daba por sentadas, al mismo tiempo personas maravillosas me habrían sus manos, sus brazos para darme lo que necesitaba y más, mucho más aun. Y cambió todo, mi tener control sobre todo, mi independencia, mi hacer o deshacer, mi supuesta claridad. Estos meses más que en cualquier otro momento ha resonado en mi cabeza: “nunca digas nunca”.

Y aquí estuve, cociné muchísimo estos meses, más que toda mi vida junta creo. Me volví adicta a la limpieza, compulsiva total. Me conecté con un grupo de mujeres maravillosas que me hacen barra cuando más lo necesito y son sororidad pura. Mis amigos, los renombré mis amigos, personas maravillosas a quienes les he dado los peores dolores de cabeza de tanta preocupación en estos meses. Mi familia, qué orgullosa estoy de tener el papá y la mamá que tengo. Volví a definir la relación con el papá de mis hijas, si bien no era mala, necesitábamos que sea mejor, sincerar las intenciones, ver más allá de lo pasado, honrar todo lo vivido y en eso estamos.  Tengo tantísimo qué agradecer.

Poder liberarse de aquello que no es importante, como lo material, significa crecimiento. Revalorar aquello que suma en tu vida, tu familia, tus amigos, la cercanía, la empatía, la paciencia, la constancia. Oh sí, si no haces, si no insistes, no pasará nada. Nada. He aprendido a caminar, he caminado muchísimo. Estoy aprendiendo a esperar, aun no me sale tan bien, insistiremos. Estoy aprendiendo a poner atención, a ver y escuchar más allá de lo que está frente a mí, a entender que las personas somos distintas y que eso no nos hace malas, ni buenas, solo distintas. Que esa diferencia es vital respetarla, con amor, con agradecimiento. Que el amor no se obliga, se ofrece, se ofrece, se ofrece, se ofrece. Que hay que cuidarse sin privarse. Que hay que modelar con el ejemplo. Que no hay proceso de aprendizaje más valioso que el de una persona acerca de sí mismo, que no lograrás mucho ni serás un ser completo, si antes no sabes quién eres y lo reconoces y lo aceptas. Y avanzas.

Casi a mitad de año, después de lo que han sido estos meses resumidos en estas líneas, vuelvo a trabajar. Mañana comienzo como Gerente de Talento en una nueva empresa, más de mil personas, un alcance integral de recursos humanos, un nuevo equipo, un nuevo reto, un nuevo proceso de aprendizaje. Todo tenía que pasar cómo ha estado pasando, todo ha sido necesario para dar paso a esta reconstrucción. ¡Hasta me siento más joven!, siento que me conozco más, siento que estoy en camino de mi mejor versión. Es importante para mí desarrollarme profesionalmente, tengo claro ahora que mi aporte -desde mi posición- acerca de la igualdad de la mujeres en sus espacios de trabajo debe ser más claro y firme, me siento viva cuando estoy en una empresa generando valor, pensando constantemente: ¿cómo puedo yo…?, lograr que esta empresa alcance sus metas, que estas personas se desarrollen, ¿cómo puedo yo…?. Me siento viva cuando reconozco mi propósito, cuando siento ilusión. He logrado mucho estos meses, muchísimo, y voy por más.

Mañana comienzo otra vez, y tengo claro -hoy- que cualquier día, cualquier momento, es un buen momento para recomenzar.

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Hablamos,

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10 comments

  1. Lu, felicidades por este nuevo comienzo, muchos éxitos, que maravillosos 6 meses de autodescubrimiento, entiendo que no fue sencillo, pero que es sencillo? Más nos pesa seguir en la rutina que poco a poco nos acaba (acá una madre trabajadora, enterrada hasta las narices), todo llega a su tiempo y es el todo para brillar y aportar al cambio de muchas
    Besos

  2. Me reconocí en tus palabras…Me siento viva cuando reconozco mi propósito, cuando siento ilusión… buen inicio!!!! Hablamos. Ana C.

  3. Éxitos Lucero, que buen próximo inicio; a veces es necesario una pausa larga y reencontrarse, un gran abrazo y mucha buena vibra para tí!!

  4. Muchos éxitos! Me estoy identificando con tus palabras y me da mucha melancolía… estoy en el mismo proceso, en casi 3 meses y todo es tan desafiable y emocional, y aparece inspiración como tus palabras , gracias por ello!

  5. Eso es muy cierto, cuando sin pensar y querer tocas “fondo” es cuándo se aprende a valorar lo que tenías y a quien tienes en las buenas y las peores, es deconstruirse para volver a armarte en una versión mejorada de uno mismo

  6. Asu Lucero, me encantó tu prosa. De hecho te irá bien en este nuevo reto.
    PD. A mis sobrinas e hija les cuento de alguien súper inteligente que conocí y te pongo como ejemplo inspirador para ellas. éxitos y un abrazote desde el rico norte

  7. No es la primera vez q te lo digo: me encanta cómo escribes porque parece que me lo estás contando. Gracias por tus experiencias de vida. Con muchas de ellas me identifico. Éxitos a montones en esta nueva ruta y que El de Arriba te bendiga a montones, a ti y a tu familia. Un beso!

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