El primer trabajo

Tenía 19 años, una hija y estaba en 2do año de la universidad. Quería trabajar, asumir mis responsabilidades completas, no dejar de estudiar y avanzar. Ingresé a trabajar a McDonald’s. Hice hamburguesas, limpié el piso, estuve en caja, fui un muñeco en las fiestas infantiles que ahí se realizaban, trabajé y trabajé y trabajé. Me pagaban una nada la hora, salía súper tarde cuando me tocaba cierre y era mi papá quien me recogía. Comía hamburguesas todos los días, me nombraron “crew del mes” al 2do mes de trabajo, tenía varios pines en mi camisa, estaba orgullosa de mí. Llegó navidad y fui yo quien le compró a Anita sus regalos aquella vez, no fue mi papá. Estaba feliz, destruida pero feliz. Terminaron las vacaciones de la universidad y regresé a clases, comencé 3er año y cambié de trabajo hacia uno que tenía que ver con mi carrera y mi historia siguió.

Les cuento a mis hijas la historia de mi primer trabajo cada vez que puedo, de cómo me esforzaba, de cuánto me divertía, de que fui “La Plumis” y “El Come hamburguesas” en algunos cumpleaños. De cómo me “ascendieron” al toque, de cómo mis rulos olían a grasa casi todo el tiempo. A ellas les encanta escucharme, se les hace un poco extraño siendo que me reconocen en tacos, en reuniones en mi oficina, armando planes de capacitación y programas de desarrollo. Es como extraño -y divertido- saber que fuiste un muñeco, me dicen.

Y así ha sido hasta ahora, yo contando la historia de mi primer trabajo y ellas oyendo, preguntando. Pero desde hoy la historia cambia, alguien más ha comenzado una historia de su primer trabajo: ¡ANITA! Ay caracho, se me hacen agua los ojos de saber a mi hija tan grande, tan decidida, tan necia y constante como sólo es ella. Desde hace ya algunos años que hace fotos de manera profesional, gana dinero al hacerlo. La llaman para sesiones corporativas, para sesiones personales, para que fotografía a grupos de rock (en el que toca su flaco) y así va mostrando lo talentosa que es, los ojazos que tiene. Pero esto es esporádico, no lo hace siempre, no es todos los meses. Y ella quiere muchas cosas, quiere viajar, quiere conocer, quiere explorar y pues su papá y yo hemos sido por demás claros con ella: todo lo que tenemos y lo que somos va para tu educación y la de tu hermana, todo, todo y más. Todo lo adicional, todo lo que te llena también pero que si lo ponemos en un top de prioridades pase quizás a nivel 2, considerando nivel 1 la educación, todo eso va por tu cuenta. Lo que no quiere decir que no disfrutemos de un viaje juntos, de varias cosas juntos, mientras podamos, se hará.

Pero ella -como a mí me fascina- quiere comerse el mundo y además no quiere depender (esto me fascina más aún). Y ha buscado y buscado dónde tener algo constante, dónde trabajar, y finalmente lo ha conseguido. Ha sido un proceso bastante interesante, primero el hacer su CV, cero experiencia pues (salvo las fotos), estaba por poner que estuvo en el aula roja del nido como experiencia (jajajaja, una hermosa). Su papá y yo la ayudamos a armarlo, a que identifique sus talentos y que los pueda poner en un párrafo. Luego vino el entregar el CV, salió de la casa diciendo: “Ya vengo, voy a entregar mi CV”.

Luego la llamada: “¡mamá tengo trabajo!”. Mi grito se escuchó desde mi casa hasta, seguramente, Arequipa. Es que soy intensa pues. Uff, estaba, estoy contentaza. Si bien estará dos días de prueba, esos días son ya experiencia para ella, es importante que vea si las cosas son como ella pensaba, son mejores, peores, es importante que no deje las cosas a medias, que sepa también cuándo parar algo porque así es mejor y que vuelva a comenzar. Quizás en dos días no aprenda todo esto, quizás se quede en ese trabajo, quizás quién sabe. Sólo sé que mi Anita, la del aula roja, está enorme, es una mujer, es libre, es decidida, se sabe buena, tiene miedo y quiere ser feliz según el concepto que ella ha creado de lo que es la felicidad.

Anita, 12 años atrás.

Estoy feliz por ella, no recuerdo haber tenido la claridad que tiene ella a su edad. Sólo sé que fui valiente, ya estaba embarazada y lo que tenía claro era que debía avanzar. La realidad de Anita es distinta.

Avanzar siempre mi hermosa, observar con ojos de gratitud, avanzar.

Hablamos,

firma

 

5 comments

  1. Solo una madre puede sentir tanta felicidad por sus hijos.. El que avancen, el que sean felices, en que triunfen.. Y se que hay cosas que seguiran dando fruto y cada dia dan orgullo y saber que hicimos bien.. , hay felicidad que embarga cuando te leo, aunque no te conozco a ti y ni a las dos chancletas, claro solo en este mundo grande del internet, da mucha emoción.. Muchas buenas vibras para ustedes.

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