He renunciado

A mi vida laboral, a mis horarios interminables, a las reuniones (también interminables). He renunciado a mi comodidad, a tener un sueldo, un carro con gasolina y todos los beneficios que puedas imaginar. He renunciado a sentirme adormecida.

Un año completo me tomó finalmente decidirme, un año de aguante, de ningún norte. Un año sintiéndome culpable porque abandonaba el reto laboral (cuando el reto ya me había abandonado a mí). Un año despertando cada día pensando en “qué hago hoy para no desmotivarme, para no caerme, para avanzar”. Estaba agotada, estaba realmente agotada, mentalmente agotada. Pensaba en cómo haría con mis compromisos de pago, tengo una hija en la universidad, una en el colegio, una casa, la luz, el agua…, tenía y sigo teniendo pagos que hacer a fin de mes. Entonces, ¿cómo haría? no tengo ahorros, ¿cómo haría entonces, ¿cómo?.. Así, un año completo.

Hasta que finalmente tomé la decisión y cada cosa que iba pasando reforzaba más la idea. Necesitaba priorizar mi bienestar, de otra manera nada estaría bien, nada. Me repetía a mi misma t o d o s los días: “todo va a estar bien, Lu, todo va a estar bien”. Le comenté a mis hijas, estaban felices: “al fin mamá, al fin, en ese trabajo no eres feliz”, me dijo la sabia Ale (es que se notaba, hasta ella notó que no era feliz). Ana no paraba de la emoción, “eres muy valiente mami”, me dijo. Y aquí algo que seguro se preguntarán: “entonces, ¿sólo porque no eras feliz dejas tu trabajo y tu seguridad económica?”. Sí y mil veces sí, mi bienestar, mi salud mental, mi sentir que soy capaz, que puedo hacer mil cosas, recuperar la confianza, avanzar, no solo mantenerme. Sí.

Le conté a mis papás, honestamente sus respuestas me desconcertaron. Pensé que me dirían que cómo se me ocurría, qué cómo haría con mis gastos, con los gastos de las niñas, con mi carro… Lo siento papá y mamá, lo siento por no confiar en lo maravillosos que son. Mi papá me dijo, justo debajo de un árbol de moras, antes de tomarnos un café: “ojalá y yo hubiera sido tan valiente como tú hace varios años atrás cuando estuve en una situación parecida, ojalá hubiera sido así de valiente”. Mi mamá me dijo que estaba orgullosa de mí, orgullosísima. Bueno pues, con tanto soporte qué puede hacer una, sólo ir más confiada, dar el paso y avanzar.

Llegó el día de presentar mi carta de renuncia, mientras se imprimía ese papel que no expresaba todo lo que yo sentía (nada en realidad), sentí claramente el terror que entraba desde los dedos de mis pies y que me recorría rápidamente, comencé a cuestionar si esta era una buena decisión, ¡¿cómo iba a quedarme sin sueldo?!, y mis niñas, y los pagos?, por qué mejor no esperaba a tener otro trabajo para recién renunciar… Y esto en solo milésimas de segundos, y el terror seguía y lo único que pude hacer fue NO detenerme a contestar ni una sola de esas preguntas, sólo si avanzaba el temor se iría. Y eso hice, ahí estaba la carta, ahí estaba la decisión ya expresada a quien correspondía. Lloré (porque siempre y para todo lloro, hasta mientras escribo esto) y lloré y lloré y estaba aterrada y orgullosa de mi misma. Ya esto que venía sintiendo finalmente tenia fecha de culminación, de cese, de caducidad.

Mi último día de trabajo fue el 17, ese día me despedí de mi equipo, ese día me dijeron algo que fue la cereza para terminar esta etapa: “hemos aprendido junto a ti, de ti, te agradecemos”. Volví a llorar. Con todas mis manías, mi ser control freak, con todo eso, había aportado al equipo que durante 3 años lideré. Saber eso fue simplemente excepcional.

Y aquí estoy, volviendo a lo que no era cotidiano para mí, estar en mi casa, ocupándome de mi, de mis niñas (que esta semana no están por aquí, pero igual), cambiando todo en esta casa de flores, haciendo espacio para que entre lo nuevo. Como dice Cortázar en su Rayuela: “hay que embellecer lo cotidiano, iluminarlo bruscamente de otra manera, sacarlo de sus casillas, definirlo de nuevo y mejor”. Y, como sigue diciendo: “basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar”. Así ando estos días, nos iremos a la playa, lejos bien lejos, varios días, todos los que sean necesarios para darle paz al alma, para recomenzar, todos lo días, un día a la vez.

En estos días, en los que se privilegia la seguridad económica, la estabilidad, la remuneración mensual, resulto siendo de otro planeta por haberlo dejado todo. Es que aquí, en esta casa, en este corazón, esta mujer de 36 años, ha privilegiado y priorizado su felicidad y la de los suyos. Ganas y voluntad me sobran, haré que las cosas sucedan.

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Esta tarjeta llegó junto a un hermoso ramo de flores. Y es que la vida te regala amigos maravillosos que están ahí para ti, dándote fuerzas, que te regalan momentos inolvidables.

Hablamos,

Lu

10 comments

  1. Y termine de leerte llorando querida amiga. Se te sentía no feliz y la felicidad no es la meta si no el camino. Te abrazo intensamente y vendrá algo muchísimo mejor, ya verás. Mientras, disfruta tu decisión y a seguir para adelante. Felices “vacaciones” te quiero mucho, cariños para las chancletas ❤.

  2. Oh Lu, que emoción! Y un poco de envidia también, como quisiera hacer lo mismo, llevo ya tiempo, con las palabras en los labios, y no me atrevo, se que sin trabajo no podría cuidar de mis hijos, aunque el trabajo no me llene y cada día sea muy pesado, pero tengo planes y debo ser paciente, ya podré hacerlo, sólo debo tener paciencia, y tu disfruta, de tu casa de tus hijas, de tu vida, disfruta a mil, que para vivimos, para ser felices

    1. Paciencia entonces Erika, yo volveré a mi vida laboral en cualquier momento (espero), sólo debía dejar el lugar en el que estaba, ya era hora. Gracias por los hermosos deseos 🙂

  3. Hola Lu sabes tu blog me conmueve. Yo al igual q supongo Muchas de nosotras se siente igual. Tengo mi carta que actualizo mes a mes, pero aun no tengo el valor. Estoy perdiendo los mejores momentos de mis niños. Tus líneas me dan un poquito de valor, el cual sigo acumulando. Gracias

  4. En verdad es una situacion muy dificil pero certera para realizar muchas veces lo que no pudimos hacer por ejemplo cuando mis hijos estaban muy pequeños pero ahora no hay pretexto para no hacer lo mejor que tu deseas las mejores de la suerte por edo hay dicho por mi mejoria hasta mi casa dejariaaa mucha suerte en la qie decidas…….saludoz

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