Un miedo nuevecito

Alrededor de mis hijas se han generado las alegrías más grandes, felicidad genuina y demás emociones maravillosas. Pero también mis más grandes miedos. Uno de ellos, nuevo, nuevecito para mí, es el que vengo experimentando hace sólo unas semanas. Llevamos 4 años de custodia compartida, el papá de mis hijas y yo criamos juntos, estamos súper involucrados en todo lo referido a nuestras hijas y ellas van pasando por situaciones y experiencias que desde la perspectiva de cada uno de nosotros les vamos generando. Conocen nuevas personas a través de su papá y a través mío, personas con las que se involucran, con las que comparten, con las que van formando historias.

Brian Rea

Esto me parece fabuloso, enriquecedor, hasta que Ale comenzó a nombrar a alguien que sabía hacer muchas cosas que a ella le gustan, luego fue Anita. “La amiga de papá hace esto…”, me dijo el otro día, “seguro le gustará esto y también lo otro…”. Y ahí fue cuando experimenté este miedo irracional nuevecito: ¿será que aparecerá alguien en la vida de mis hijas con quien prefieran estar y pasar el tiempo que conmigo? ¿será que les parecerá genial otra persona y querrán consejos de él/ella y ya no los míos? Repito: todo esto irracional, es de esas cosas que a veces pasan por mi cabeza que cuando las pienso dos veces termino en: “qué tarada eres Lucero”.

Irracional porque mis hijas -y todos- vamos conociendo personas de las cuales valoraremos una y otra cosa, personas con las que vamos a querer pasar tiempo porque tenemos cosas en común, afines. Personas a las que vamos a querer muchísimo porque algo van dejando en nuestras vidas que es importante, que nos hace sentir bien. Personas que nos enseñan. Pero eso no hace que dejemos de querer a otras, que dejemos de pensar en amigos, familiares que aparecieron antes. Entonces, que mis hijas estén disfrutando de alguien en especial no significa que olvidaron a su madre. Pero da miedo.

Jamás había experimentado esto, y no dejo de sentir que es absolutamente egoísta de mi parte. Ese sentir de que nuestros hijos son sólo nuestros, que mis hijas son solo mías. Todo eso es tan falso, como falsa es la idea de que dejarán de quererme, que dejaré de quererlas. Me hubieran visto la semana pasada, haciendo mi drama, llorando las cosas que me inventaba. Hasta que llegó el fin de semana y al fin ellas estarían en mi casa. Como si sintieran lo monga que es su madre, como si supieran lo -absurdamente- mal que me he sentido, este fin de semana no me dejaron un sólo instante. Hemos dormido juntas las tres noches que han estado en mi casa, abrazadas, amarradas, jugando, riéndonos, las he observado mientras dormían, las he olido, las he contemplado. Mis niñas que mías no son, que son de ellas mismas.

Me queda claro que sólo es necesario seguir siendo quien soy, que no necesito saberlo todo, que no voy a llegar a lograrlo tampoco y que con todas mis imperfecciones y mis cosas maravillosas esas niñas me aceptan, esas niñas me necesitan. Y ahí voy a estar y a mantenerme, el esfuerzo es necesario y es justo. Qué miedo me ha dado todo y qué calma me han ofrecido ellas este fin de semana, qué tontonaza se pone una a veces, felizmente que es sólo a veces y que la cordura, la razón y la confianza (en uno mismo) vuelven.

Hablamos,

firma

2 comments

  1. Hola Lu .. ni te digo lo que se siente cuando te diga : “la amiga de mi papa me trata mejor que a su hija, es como si fuera mi mama “…. puñal directo al corazon…. pero luego te repones .. lo asimilas y piensas : “esto iba a llegar, gracias a Dios la trata bien a mi pequeña”
    Pero de que duele duele !!

  2. Mientras estén rodeadas de cariño y de personas que sumen en sus vidas, todo lo demás pasa a ser poco importante 🙂

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