¡No volverás a dormir jamás!

Por esas casualidades de la vida me crucé en el camino hacia la oficina con una persona a la que no veía hace un tiempo. Debo para aquí y decir algo acerca de esta persona, intrascendente mi dato, pero que debo decirlo pues, resulta que es el churro más churro de Lima y alrededores, guapísimo, alto, sonrisa hermosa, mirada bonita, cara de buena persona y ese cabello largo que va al viento. Bueno, algo iba a contarles, pero ya no me acuerdo 😛

Ah sí, sí. Resulta que hablaba con el churro, digo con “Papacito” y le preguntaba cómo le iba, está casado (buuuu) y dentro de un par de meses será papá (por eso vamos a llamarlo Papacito pues). Me contaba que estaba muy bien, que su bebé es hombrecito y que ya habían escogido su nombre. “Oh, qué maravilla”, le dije (mientras apreciaba su sonrisa bonita). Y en ese momento sentí que debía decirle una gran verdad, algo que todos los padres sabemos y que los nuevos padres dudan al escucharlo. “Debes saber algo”, le dije, “no volverás a dormir como ahora lo haces, jamás. Y cuando diga jamás es N U N C A”. Salió su sonrisa hermosa, ahora combinada con incredulidad y me dijo: “eres la persona número mil que me dice lo mismo”, volvió a sonreír. Iluso, pero hermoso, pensé.

Carolina Buzio
Carolina Buzio

Es que es una gran verdad, como hay pocas en la crianza. Creo que la otra es que no hay recetas para criar, cada uno cría como puede, como quiere. Pero bueno, mamá y papá no volverán a dormir como lo hacían antes de tener hijos, jamás. ¿Por qué? Si bien mis hijas han sido una maravilla, de lo más consideradas (si es que un bebé de 2 días de nacido sabe qué es eso), dormían casi toda la noche, se despertaban siempre a la misma hora, lo que me permitía manejar mis tiempos, me daba más seguridad al hacer otras cosas y en general me permitía descansar por espacios prolongados. Pero entonces, ¿por qué asevero que la cosa cambia y no hay vuelta atrás?. Porque así tengas un bebé como mis hijas serás tú la que se despierte a cada rato a mirarlos, a poner tu dedo en su naricita y chequear si están respirando o no, admítelo.

Ya cuando van creciendo los motivos para no dormir sereno y parejo serán otros:

  • Si duermes con el bebé en tu misma cama, y esté sumamente, maravillosamente, indiscutiblemente dormido, te despertarás asustada porque no quieres aplastarlo, porque la idea de que puede pasar no te dejará dormir tranquila. A cada rato lo harás, te irás quedando dormida y cuando casi casi concilies el sueño, no, debes despertar para no aplastar al bebé. Pasa.
  • La fiebre, la tos, los peditos, el chanchito, y toooooodas las enfermedades y padecimientos reales -y que nos inventemos- nos mantendrán en vela.
  • Las tareas, los proyectos del cole, todos esos de los que pasaron la voz una hora antes de irse a dormir.
  • Las “reus”. ¡Ay las reus! Que hay que recogerlos, que si se pueden quedar media horita más, que si recogemos a su amiga también, que si la llevamos a su casa (a 5 distritos de distancia de la mía).
  • Que si les va bien, que si está haciendo lo que realmente quieren. Esto cuando ya están trabajando, cuando ya salieron de casa.

Podríamos hacer una lista enorme de razones que nos mantienen en vela, no son exclusivas de la mamá o de papá, creo que todo el que tiene personas que le importan al lado, personas que en cierto momento dependen de nosotros, a quienes nos une una genuina relación de amor, siempre estaremos pensando en ellos, apoyándolos, deseando sean felices, hasta mientras dormimos.

Hablamos,

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