El arte de contar historias

Los niños, en general, tienen una manera alucinante de contar cuestiones sumamente sencillas. Algunos, los más chiquitos, los que comienzan a amarrar una palabra con otra, hacen estas pausas hermosas en las que respiran, alargan la primera letra de la palabra que dirán, dicen “no, no, eso no” y se corrigen solitos. Y una oración les puede tomar varios minutos. Están también los que hablan a la velocidad de un rayo, cien palabras por minuto, sin parar, sin respirar, que termina sin aliento y dicen: “y, y, y…” y siguen hablando.

Hsinping Pan
Hsinping Pan

Están los que hablan y mueven el cuerpo completo, y marean, y van llevando tu mirada de arriba a abajo y hacia el costado mientras el rededor se vuelve el escenario en el que sucedió la historia que nos cuentan. Marean y mucho, pero hay tanto entusiasmo en su relato que contagian. Están los que terminan contando una historia más grande que la que realmente sucedió, estos últimos deberían escribir guiones de películas, novelas, series de televisión. Su relato incluye historias fantásticas en las que las cosas casi casi vuelan, en los que aguantaron algo que nadie hubiera podido aguantar porque son ellos pues, en las que no tuvieron ni una pizca de miedo o muchísimo hasta las lágrimas. Debo parar aquí y decir que Ale está en este grupo y que cuando cuenta algo que incluye llanto, el propio o de alguien más, siempre siempre s i e m p r e se le salen un par de lágrimas. No importa si lo que cuenta pasó hace 5 años, la emoción se actualiza. Un Oscar para ella <3

Están los que interrumpen -obvio, jamás lo verán así- una conversación y cuentan su versión de los hechos, o incluyen una referencia nuestra que nos hace abrir los ojos e intentar taparles la boca. La típica que estás con un grupo de gente y llega tu retoño gritando a voz en cuello: “mamá te acuerdas de la que vez que dijiste que… “. Gracias queridos hijos nuestros por tener tan buena memoria y ser tan… oportunos.

Están los niños que no usan palabras sino dibujos, y llenan tu casa de papeles. No importan el tipo de papel, cualquiera es bueno para contar algo. Aquí estuvo mi Ana cuando era un pedacito de persona, cuántos dibujos tenemos de esa época, en hojas bond, en servilletas, boletos, todo era bueno para ella.

Lo mínimo que podemos hacer nosotros, los adultos, es estar atentos a estas historias, valorarlos, oírlas/verlas realmente, estar presentes.

Hablamos,

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