Cara de poto

Ilustración de Harriet Lee-Merrion

Varias veces le he preguntado a mi mamá si cuando yo estaba entre los 14 y 17 años sintió que reaccionaba mal ante alguna indicación/decisión suya que me involucrara y que no me gustara, o con la que no haya estado de acuerdo. Varias veces me ha dicho que no, que más allá de ese ruido que yo hacía con los dientes -en señal de “no me gusta”- no pasaba más. Entonces regreso a mi vida con una adolescente de 17 y la verdad es que ¡NO ENTIENDO!

No entiendo cómo detrás de la angelical cara de mi hermosa hija, entra, cabe y habita un ser maligno que sale cada vez que algo no le parece, que no le gusta o que no era como ella pensaba. Es decir, si bien mi mamá no era para nada una persona agresiva, tampoco estricta a raja tabla sino más bien todo lo contrario, súper flexible, buena onda, a mí me daba terror ponerle mala cara ante una indicación suya, sí cuestionaba algunas cosas pero bastaba que ella dijera que no y se mantuviera en su decisión para que yo asumiera que así debía ser. Digamos que revolucionaria me volví con los años, de chica era bastante “obediente”.

No pretendo que mi hija sea “obediente” y que acepte las cosas sólo porque yo lo digo. Lo que cuestiono es la manera cómo maneja sus emociones cuando algo no le parece. Lo que busco es se pueda cuestionar así misma acerca de si es necesario asumir una mala actitud ante una situación de conflicto, o si más bien es cuando más abierta deba estar para conseguir lo que busca, para entender por qué no se dan ciertas cosas, para aceptar que las cosas pueden ser distintas a como las pensamos, pero eso significa también que quizás podrían ser mejores aún. Que entienda que la vida hay que abrazarla, que cualquier cosa se resuelve mejor si las tomamos con buena actitud, no hay que aceptarlas necesariamente, sólo se hace necesario buscar el lado amable, sino nos morimos de a poquitos, de cólera, de rabia, de frustración, de a poquitos y en silencio.

Mi mamá me miraba con esos enormes ojos color caramelo, ojos de “loca-demente-mal-de-la-cabeza” y para mí todo estaba claro. Con Ana he puesto los ojos en posiciones alucinantes, he entrenado con ahínco mi mirada buscando una que todo lo resuelva, he logrado que un ojo mire a un lado y a la vez el otro a otro lado, pero no, eso no la moviliza. Y bueno, tampoco debería hacerlo, sería sólo este proceso de detenerse a pensar, a calmarse. En estos tiempos mis temas a resolver no tienen que ver con pañales, o primeras palabras, son de otro level, de uno que implica una carga emocional fuertísima, estamos formando seres humanos que queremos que sean justos, buenos, amables, honestos. ¡Y qué tal chamba es!

A veces tiro la toalla, a veces simplemente paso a la extinción de estas conductas sólo ignorándolas (que me perdonen mis hijas, muy psicóloga y todo, pero también soy un ser humano que se cansa). Otras veces le explico todo esto que hoy escribo, pero más importante que eso es que ella puede ver, pueda visibilizar esto de lo que tanto le hablo en mis propias conductas. No puedo decirle a mi hija: sé flexible, cuando la primera que no cambia por nada en cualquier tema soy yo misma. No podemos pedirles a nuestros hijos que abracen la vida cuando nosotros vamos pateándola.

Modelar, eso es. Ser ejemplo, cambiar uno mismo y buscar nuestra mejor versión. Seguimos intentándolo, todos los días, todo el tiempo, porque déjame decirte amiga/o lector, mi flaca es maravillosa, pero no aguanto sus caras de poto.

Hablamos,

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6 comments

  1. Wow, me he sentido súper identificada. Yo muy comunicadora y todo, pero cuando mi Joaquín responde con un “yaaaaaaaa” y pone su carita de poto, la verdad que cuesta tener paciencia y aplicar la empatía para no dejarse contagiar con ese mal humor y explicarle con calma el porqué no debería de reaccionar así. En fin, creo que el ser padres es un reto constante en todas la etapas de crecimiento y como tú dices, hay que seguir intentando, día a día 🙂

    1. Cuesta un montón, pero nosotros somos los adultos y además los papás. Creo que se trata de ser consecuentes con aquello que decimos, pedimos y hacemos. Mucha paciencia y buen humor!

  2. Yo fui una adolescente “obediente” pero también “rebelde”, solía ser insolente cuando algo no me parecía (en el fondo lo sigo siendo, pero trato de controlarme y encontrar el porque de mi enojo) y era de las que decía que me iría de la casa y haría lo que quiera cuando cumpla los 18 y tenga DNI. Mi mamá era un poco sofocante por su sobreprotección y tal vez por eso mi “rebeldía”. Claro que me mandaba a rodar diciéndome que con qué dinero me mantendría y a dónde iría y creo que más ira me provocaba el hecho de bajarme la llanta que la cólera acumulada en sí. Era como que me descalificaba (un: me da miedo que te quieras ir disfrazado de un: calla mocosa, tú que sabes).

    Tu hija está pasando por un torbellino de emociones entre que deja la vida de niña y pasa a ser mujer. Entre tener que decidir por su vida y sentir que aun depende de mamá. Cuesta tiempo poder diferenciar qué nos produce ira (problemas familiares, problemas personales…) y por ende una mala respuesta a nuestras madres/padres. A mi me demoró algo de 25 años entenderlo y a mis 36 me cuesta aun poder manejarlo.

    La relación madre/hija siempre será complicada, somos 2 hembras compitiendo y en el fondo a veces las hijas (con todo lo que amamos a nuestras madres) no queremos ser como nuestras madres y por eso la furia. A veces no es por motivos tan profundos y es simplemente porque los padres son el símbolo de autoridad y qué adolescente no es rebelde ante la autoridad?

    Con lo que te digo, solo te hablo desde el punto de vista de hija, y te puedo asegurar que esto es pasajero. Ella sola aprenderá a manejar sus emociones y se dará cuenta qué le molesta y no permitirá que eso la sobrepase.
    Como hija siempre esperé que mi madre confíe un poco en mi y no trate de estar siempre encima mío.

    Tu hija es maravillosa y su cara de poto es necesaria a veces para que ella se vaya conociendo poco a poco. De aquí a unos años recordarán esto con humor (como mi hermana y yo lo recordamos con mi mamá).

    Paciencia, ya pasará. Confía en ella.

    Con amor.

    1. Rocío, gracias, gracias, gracias.
      Todo tiene dos lados, en efecto, y este lado es sólo el mío. Qué dirá mi Anita, cómo me percibe, cómo percibe mis decisiones. No puedo pedirle que vea la vida como la veo yo, ese es un camino que debe recorrer sola, aprender, caerse, meter la pata, salir exitosa. Confianza, tienes toda la razón, toda.
      Gracias una y otra vez. 🙂

  3. Bueno Lu, te entiendo… Tengo una hija de 19 años, muy dueña de sus opiniones (no necesariamente las comparto) y dos varones de 13 (casi , ya falta poquito 14) y un muchachote de 11 robustos años… y no sé que hacer cuando entre los tres se encompinchan y hacen polvo mis opiniones (claro que muchas de ellas se las concedo, pero porque sin pelear ehhhh). Ya entrando en el tema de la mujercita, pienso que es su necesidad de decidir por ella, de ser “adulta” a su manera, y mucho tiene que ver el medio en que se desenvuelve hoy, es universitaria y un abanico enorme de ejemplos a seguir… creo que dar mi brazo a torcer es tan fácil como tirar la toalla y es algo que no pienso hacer… La lucha continua!!!

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