Chica enamorada

word8Ya desde hace un tiempo, bueno desde que nacieron Ana y Ale, supimos que en algún momento iban a enamorarse. No se puede vivir sin amor, es inevitable. Y ese momento llegó hace algunos meses. Anita tiene “flaco” (enamorado), un niño bueno, un niño amable, un niño que se ve tan “in love” de ella, como ella de él. Todo va de maravilla, como suele ser en la adolescencia, el primer amor, la etapa del enamoramiento, nada es mejor, todo es perfecto. Y genial, yo celebro ver a mi hija contenta.

La niña prepara regalos de “mesarios” llenos de detalles, se ven en el colegio, en la calle, todo el tiempo que pueden, ven películas, escuchan música… en fin. Repito, todo bien. Hasta que todo esto choca con el tiempo que quiero pasar con mi hija…

Debo admitirlo, muy superada, muy “ámense los unos a los otros”, pero cuando quiero ir al cine con mi hija y ella me dice: “ya, pero a qué hora má” y comienzo a leer entre líneas y pregunto por qué y me dice: “porque quiero ver a Pepito”, es ahí cuando se activan mis más absurdos temores, rabias y dramas. Sí, sale lo histérica, lo loca, lo excesivamente dramática, quiero a mi hija, quiero tiempo con ella, no quiero que cambie nuestros planes, quiero que los priorice. Sí, también se me sale lo engreída, egocéntrica.

Bueno, después del drama interno, tras la reflexión, ¡qué jodido es que crezcan!. Duele. Pero duele bonito también, aquello que van logrando, sus errores, su aprendizaje, ver que crecen y que son personas completamente independientes, distintas, especiales. Sí, yo sé todo esto, pero me duele pues. La mezcla de emociones, aceptar que la vida no se detiene, que todo debe fluir tranquilo y relajado porque así es mejor, que si forzamos situaciones sólo alejamos a quienes más queremos, tanto que aprender. La extraño, extraño a mi hijita, mi niña que iba conmigo a todos lados, mi niña que todos los días me hacía un dibujo, mi chiquita valiente. Ya no hace un dibujo diario, ahora me toma fotos, muchas. Me prepara panqueques y yo le preparo sopa de pollo cuando se enferma. Le cuento todo lo que puedo, la llamo y podemos hablar un buen rato contándonos qué hizo cada una. “Te quiero, tonta”, nos decimos. Mi chiquita que creció conmigo.

La llamo: “¿me perdonas por ser tan celosa?”, le digo. “Sí mami”, me dice. Y de inmediato me suelta: “¡¿Vamos al cine?!”. Y al cine nos fuimos.

Hablamos,

Lu

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4 comments

  1. Hola! he llorado leyendo tu mail, siempre que veo a mis hijos que ya tienen 5 años pienso que el tiempo pasa rapido y lo que hoy hacen mañana será un recuerdo… y lei mis peores temores en tu post!… bello post!
    a gozarlos ahorita todo lo que puedo! beso !

  2. Oh!!! Lu!!!! que rápido crecen los niños, pero si se extraña esos tiempos, yo tengo 2 niñas de 5 y 4 son lindas pero ya son más independientes, en especial la menor. Sé que crecerán y aveces me pone triste eso.. porque se que ya no querrán salir conmigo o su papá van a preferir a los amig@s… Pero es parte de! 🙂

  3. Lo máximo Lu. Me has hecho llorar con cada línea. Yo tengo un hijo, SOLO UNO, de 12 años cumplidos el viernes. SOLO MÍO (papá perdido, dónde andará?) y ví lo bien que se lleva con sus amigos, su grupo, sus palabras. las chicas… Lo crío para amar y ser independiente a pesar del dolor que me causará cuando se vaya, cuando tenga sus experiencias. Dolor lleno de felicidad, de orgullo, de mirarlo con el “pecho hinchdo” de amor y orgullo. Dios los bendiga! 🙂 <3

  4. Lu, como siempre una delicia leerte.
    Ay, se me nublan mis ojitos. Son tan sentimental y me imagino en unos años pasando lo mismo con mi hijo mayor, que me muero. Para él, hoy soy: la mamá más bonita, renegona sí, pero la más linda y la única mujer en su vida, jajaja. Pero eso en algunos poquitos años, cambiará. Así es la vida. Nuestros preciosos NO nos pertenecen, son de la vida.
    Un beso

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