Día de la madre #16

Año 16, comenzamos el día así, ella en aquella pequeña habitación que decoré como si fuera mía, yo en un hotel a horas, de horas, de horas de Lima. Puse la alarma a las 12 para no quedarme dormida y saludarla a tiempo, la verdad es que no pude cerrar un ojo pensando en que se me pasaría la hora. Moría por estar con ella, por ir a su cuarto, doce en punto, y cantarle feliz cumpleaños, decirle que me muero por ella. La llamé, con voz de sueño me dijo: “mami, no estás”. Morí un poquito. “Vuelvo hoy mismo”, le dije.

En 16 años he ido y venido mil veces, trabajo, estudios o porque simplemente quería desaparecer. Pero jamás había estado lejos de ella en su cumpleaños. 15 desayunos en la cama, 15 cantadas entre “las mañanitas”, “feliz cumpleaños” y algún invento del momento, 15 veces contada la misma historia de cómo nació. El año 16 fue todo a distancia.

Es increíble la manera maravillosa cómo te conectas a otro ser humano de la manera como lo haces con un hijo, conexión, magia, algo pasa ahí que no se puede explicar. Como cuando la vi hace 16 años, roja, chiquitita, llorona (como la madre), con los pelos parados y la mirada fija, la de siempre. Ahora me da consejos, me dice con qué combinar tal o cual blusa, compartimos zapatos. Tiene flaco (entiéndase enamorado, pero ahora se dice así), no deja de pensar en qué va a estudiar, este año termina el colegio. Es mi fotógrafa personal, quien oficialmente forra los cuadernos de su hermana, quien le plancha el pelo cuando no me doy cuenta, la que reniega como si hubiera sido poseída por mil demonios. La niña de mi vida.

No sé si lo sabe pero nadie en el mundo me dio más lecciones que ella, nadie me enseñó tanto como lo viene haciendo ella, desde el minuto cero, desde cuando la vi aquella madrugada, dos días antes del día de madre, cuando moría de terror. Me manda mensajes diciendo: mami, te quiero. Más tarde otro más: mamá por qué eres así, ah?. Adolescente, hija mía. Ya dije que reniega, no?, pero ¡cómo reniega!. Pelea con su hermana para definir quién duerme conmigo cada noche, a veces peleamos porque no quiero dormir con ninguna. La mejor acompañante para el karaoke que se arma en el carro cuando vamos a algún lado, la que heredó de la madre la habilidad para mover coordinadamente pie derecho y luego pie izquierdo, es decir, bailar.

En este momento caigo en que desde que abrí esta casa virtual, les he ido contando año a año algo distinto, que se le cayeron los dientes, que ya maneja bicicleta, que hizo su primera pijamada, cómo enfrentó la llegada de su hermana, su primera fiesta… y ahora les cuento que este año termina el colegio, que es más alta que yo, que es quien cierra las puertas de la casa cuando su hermana y yo ya andamos en la cama. El tiempo pasa con mucha prisa, a veces me pierdo de tanto, a veces me sorprende y ya tiene algo distinto, ya aprendió algo nuevo, ya -desde hace mucho- es mejor que yo. Pero aún ahora, 16 años después, cuando dice “mami”, me desarma.

Hoy no escribo acerca de una mamá en especial, hoy que es el día de las madres, hoy escribo acerca de ti mi pequeña Anita. Porque fuiste tú quien hace 16 años con sólo una mirada me dijiste que todo iba a estar bien.  Felices 16 mi hermosa, cargaste mi mochila de esperanza, de harta fuerza y te lo agradezco. Sigamos este camino en el que nos reconocemos distintas y tan parecidas a la vez.

Ani y yo

Feliz día Anita, feliz día a mi, por ti. ¡Feliz día mamás!

Lu

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