Sin árbol

Hace unos días pasaba por una tienda que tenía un anuncio gigante de 70% de descuento en porcelanato, ¡70%!, dije, qué tal oferta. Luego caí en que jamás he comprado nada parecido para una casa mía, cemento, ladrillos, pisos, porcelanatos. Recuerdo a mi mamá y a mi papá construyendo su casa, discutiendo por el tipo de piso para el comedor, definiendo el tipo de muebles -altos y bajos- para la cocina. Recuerdo los planos, el día que pusieron el techo del primer piso, recuerdo que avanzaban de a pocos, que un tiempo nos mudamos a otra casa para que terminen de hacer la nuestra, la propia. Recuerdo jugar entre cuartos de paredes sin tarrajear, sin color, pero llenos de ilusión.

Recuerdo cómo hacían las puertas de cada habitación, recuerdo a mi mamá yendo de un lado a otro escogiendo colores para las paredes, recuerdo a mi papá siendo parte de la misma construcción. Qué bonito debe ser construir tu propia casa, imaginar en tu cabeza el patio, el enorme patio, la cocina, dibujar cómo quedará.

No, yo jamás he comprado porcelanato. Viví en la casa que mis papás construyeron desde que nací, cuando era toda de madera, hasta que cumplí 25. Luego anduve como gitana, de lugar en lugar mientras encontraba mi lugar. No tengo un árbol, no he imaginado mi casa, tengo un departamento pequeño, un lugar en el que se nota viven puras mujeres. No es mío, no es mi árbol, como aquel que mi papá y mi mamá imaginaron alguna vez y que luego -después de mucho esfuerzo- hicieron realidad. Descubrí que no tengo, que mis hijas y yo no tenemos un lugar específico, que cada lugar al que hemos ido lo hemos transformado en nuestro, prestado, alquilado, unos años, nuestro.

Quiero mi casa, mi árbol, mi lugar. Mientras tanto, mientras lo encontramos, disfruto de este pequeño espacio de paredes blancas llenas de fotos, de esquinas con flores, muchísimas flores, impregnado de olor a café, de perfume de mujeres, de cariño. De este espacio en el mismo distrito donde vivió Ribeyro, cerca a la playa, cerca de mi lugar favorito de postres, del de vinos.

flores

Hijos, árbol, libro. Tengo a las hijas, no tengo el árbol, pero sí esta casa virtual que es como mi libro.

Hablamos,

Lu

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