Ese momento

(…) nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde, todo se transforma.

Cuando crees que todo puede salir maravilloso, cuando pones todo y más, cuando haces concesiones y dices “vale la pena”, cuando te entusiasmas tanto que hasta se nota en tus ojos, en tu sonrisa. Ese momento cuando crees que todo irá bien y todo comienza a ir de terror.

Me ha pasado, y creo que mientras van pasando los años esos momentos de terror se convierten en terror real. Ya no es como cuando tenías nueve años y tu momento de terror era un examen. Ahora tengo 34 y ojalá mi mayor problema fuera dar sólo un examen. Pero algo he notado, de algo estoy orgullosa, y es que me he hecho valiente. Me he hecho fuerte. Y me ha costado. Antes podía no decidir sólo por miedo, y qué me dirán, y si no me sale, y si me sale muy mal.

Recuerdo a una persona maravillosa decirme: “Lu, ¿y si sí sale muy bien?”. Pero tenía que pasar por todo lo que he pasado, que seguramente no es peor que lo pasan muchas personas, pero es mi historia, para poder saberme hoy una mujer fuerte. Aunque debes saber que tengo mis debilidades, dos principalmente.

Hoy, y me refiero al día de hoy, no creo haber superado todos los problemas que tengo pero he dado un paso gigante, importante. Me creo, confío en mi, sé que quiero y cómo lograrlo. En efecto es sumamente fácil y aplica para todos, para todo. Se trata de vivir siendo honesto, contigo, con los demás, no hay de otra. Vivir agradecido por lo que tienes y lo que no también. Vivir de acuerdo con tus decisiones, aunque te hayan tomado la vida tomarlas, vivir. No importa qué hagas, no importan dónde estés, no importa tu situación, no importa tu pasado, ser honesto te libera, ser honesto tiende puentes, acerca manos, abrazos.

Y no te creas, he mentido, durante un tiempo y seguro más he preferido salir de la realidad, no asumirla y he fallado, y he lastimado. Y seguramente me seguiré equivocando -el error es base del aprendizaje- porque soy un ser sumamente imperfecto, y quizás la honestidad de la que tanto hablo pues alguna vez me traiga dolores de cabeza, pero no importa. Si de algo me puedo jactar, aunque no esté permitido hablar de uno mismo, es que vivo en concordancia con lo que digo y hago, con lo siento, con lo que pienso.

Y bueno, estoy en ese momento en el que me puse los pantalones -o en mi caso y para ser justos- una hermosa falda y decidí ya no seguir en una situación autodestructiva y absurda. He entendido varias cosas acerca de mi, soy un ser sumamente independiente, no puedo vivir amarrada, adoro en exceso a mis hijas y me hace feliz saber que lo sienten, que lo disfrutan. Amo el chocolate y no lo dejaré jamás. Adoro bailar hasta que me duelan los pies, prefiero tener al lado y cerca a las personas que me hacen reír o a quienes me permiten hacerlos reír. He asumido también que no soy una persona que disfrute estar sola, no, no, mientras más personas mejor. He entendido que no se puede vivir sin amor, bueno, yo no quiero vivir sin amor. He entendido que me llamo Lu, tengo dos hijas, un lunar, tomo bastante vino y muchísimo panetón, jamás tendré un cuerpo de modelo, tengo tanto rulo que cualquier día encontraré ahí mis llaves y otros objetos perdidos. Tengo un carácter del mal, reniego como cinco, me hago un ocho con ciertos temas, me frustro y soy peleona. Soy Lu, nada más, y me acepto tal cual.

lu
* deseo *

Usualmente este tipo de reflexiones me las guardo, pero para qué, si te es útil a ti, úsala.

Hablamos,

Lu

2 comments

  1. Si aprender de loa errores esmas importante que no equivocarse, fallar es parte del crecimiento peronal, así también aprendemos a disfrutar de la vida y de las personas que amamos. Muy buena semana para ti Lu 😉

  2. Como siempre, un lindo artículo. Un brindis por ti Lú, y por todas las mujeres que un día emprendimos el reto de ser mamás, profesionales sin dejar nuestra esencia de MUJER. Un besito

Deja un comentario