Diario de una viajera (parte 1)

Estaba en algún lugar en México, esperando ya no recuerdo qué, tenía un lápiz y un papel y me puse a escribir. De manera tradicional, a lápiz y papel. Les juro que escribí y escribí, le escribía a mis hijas, a ustedes, les contaba día a día todo lo que había visto en este viaje, lo que me había pasado. Escribí tanto que me asombré, ¡qué fea letra!, extrañaba mi teclado 🙁

Y bueno, como a veces pasa, el papel se perdió, desapareció, está no habido. Pero mis historias las tengo aquí, en recuerdos importantes, grandes, inolvidables. Empiezo desde atrás, desde el último país en el que estuve: México. Les cuento que aún estoy algo confundida, en los últimos 18 días he dormido en seis lugares distintos, anoche -en mi cama- me desperté y me pregunté dónde estaba ¿?

México, DF. Del 12 al 16 de noviembre.

Doce horas de viaje después, desde Madrid, llegué a México. Venía con mil cosas, agotada, en este viaje no había podido dormir, me paré sobre el asiento, me eché, me tiré, me jalé los pelos, ¡qué incomodidad! Además no pude dormir porque tenía un stalker a mi costado a quien en el aeropuerto de Madrid le pedí me prestara un lapicero, supongo que este hombre pensó que era una declaración de amor, pero no, yo sólo quería un lapicero. Cuando subí al avión ahí estaba, sentado a mi costado, hablándome de lo que sea :S

En este viaje he conocido muchas personas, he hablado y compartido con personas que antes no había visto y he tenido conversaciones súper interesantes y han sido momentos -como diría yo- pajas. Pero con mi querido stalker no fue así. Pero bueno, al final de viaje no lo vi más. Llegué a México y luego de pasar con luz verde la aduana, me recibió un muy buen amigo. Con una sonrisa gigante, la de ambos, de ver a alguien conocido al fin, nos reencontramos casi 7 años después desde la última vez que nos vimos en Lima. Fue genial verlo, conocer a su esposa (una colombiana maravillosa), a su hijo pequeño, su casa, su vida en el DF.

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Jose, mi amigo, fue mi guía en México. Me explicó todo, desde cuánto pagar en un taxi, hasta dónde comer un rico taco. México, la parte que conocí, me pareció muy bonita, muy parecida a Lima también. Pero el tráfico allá es peor que acá, el parque automotor tiene más de 5 millones de autos D: y se nota, sí que se nota.

Todo mexicano con el que hablaba pensaba que yo también era mexicana, de la costa, “no mano -les decía- sólo he visto demasiada novela mexicana, luego luego hablo como Thalía”. Me divertí, comí riquísimo y súper picante. Entre tacos, enchiladas, quesadillas y frijoles, fui feliz. También entre micheladas, cubanas y las mil y un cervezas que existen ahí. Un señor muy amable me dijo: “usted sabe por qué las quesadillas se llaman así, porque tienen queso y tortilla= quesadillas” :D. También fui a trabajar, no todo fue pasear, en efecto sólo pasee un poquito. Estuve dos días en un foro de RRHH, con un grupo de TOP Líderes del rubro de diferentes países. Fue enriquecedor compartir con todos ellos. Un día nos fuimos a cenar y nuestra mesa era la OEA: Colombia, Costa Rica, Perú, Venezuela y Guatemala juntos.

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Estuve en las pirámides de Teotihuacán, subí y subí hasta la pirámide del sol y toque aquel punto cósmicamente alineado para llenarme de energía. Caminé y descubrí. También estuve en el Café de Tacuba, no encontré pan de muertos, pero sí un pan llamado “concha”, riquísimo. Estuve en el zócalo de la ciudad, en la casa de Frida Khalo, no comí tortas de jamón pero sí tomé aguas frescas.

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Qué fascinante es la historia de Frida, tan valiente, con tanto empuje, tan libre (de sus propias ataduras). Los detalles de su casa, como los de su vida, son para mirar con ojo y mente abierta. Hay mucho color, y a la vez mucho dolor. Es expresión por donde lo veas.

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México es un país muy parecido al nuestro, la gente, la comida y la convicción de no querer más corrupción, injusticias, maltratos. México se levanta estos días, están pasando por situaciones serias y penosas (como nosotros) y dicen “no más”.

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Culturalmente México me parece fascinante, respeto y admiro la manera cómo abordan la muerte, como la vuelven parte de la vida, parte natural y la celebran. Aunque debo confesar que ver tantas “catrinas” ya me ponían algo nerviosa. Mucha gente cálida, como nosotros, mucho por ver aún.

Tengo más que contarles, de Paris, de Barcelona, de Madrid. Poco a poco les iré contando, de la lluvia en Barcelona, de cómo fui estafada en Paris, de un gran encuentro en Madrid. Poco a poco.

Hablamos,

Lu

PD: ¡Gracias Jose, tú y tu familia fueron muy amables conmigo!

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