Ayer en la noche

El camino del aeropuerto de Trujillo hacia el hotel en el que estoy, me recuerda muchísimo al camino del aeropuerto de Lima hacia la casa de mis papás. Ambos me toman 20 minutos para llegar. Jamás he viajado tan mal, sintiéndome tan enferma. Terminé con suero, felizmente no estuve sola a pesar de estar sola en este lugar en el que no conozco a nadie, ni nada.

Extraño a mis hijas, aunque debo reconocer que unos días en el que mi única responsabilidad sea solo yo, pues no caen mal. Es increíble cómo tu mente se mantiene conectada con tu lugar, tus situaciones, a pesar de estar a kilómetros de distancia. Trato de sacudirme el pensamiento, de aplastar los malos con los buenos, de hacerlos “papilla”, como diría mi Ale. Me cuesta pero debo decir que voy bien, bastante bien, hasta “estoy muy orgulloso/a de ti”, me han dicho.

Debo dictar dos talleres aquí, debo “invitar” a muchas personas a ser parte de su propio desarrollo profesional y personal, a descubrir nuevas formas de hacer las cosas, porque todo -siempre- se puede mejorar. Y cada vez que hago esto me siento algo egoísta, es que en vez de llevar mi discurso hacia la gente, siento que me lo digo a mi: “Lu, todo es susceptible de mejora, inténtalo”. Lo bueno es que me creo.

Escribo un libro, sí, ya empecé. No sé si pronto, pero en algún momento les contaré de qué se trata. Ando entretenida e investigando, con muchísimo trabajo, es por eso que por aquí casi no estoy y la culpa me mata. Es como saber que no le cambiaste el agua a tus flores favoritas que además están en la sala de tu casa. Todos los días pasas, las ves, dices: “hoy lo hago” y el cansancio (y el desgano) son mayores y se imponen.

Prometo cambiar el agua, escribir por aquí, retomar aquello que antes me entusiasmaba, como cocinar. El fin de semana lo hice y fui en absoluto feliz, encuentro una especial fascinación en echar la sal a la comida con las manos, en picar y picar de diferentes formas las verduras, en hablar con las ollas “cómo te va, ¿todo caliente por ahí?”, en servir como si sirviera oro, con cuidado, creída, asustada: “ojalá y les guste”. Si no hubiera estudiado psicología, me hubiera dedicado profesionalmente a cocinar. Aún estoy a tiempo, no?

Estoy convencida de tantas cosas ahora y me sigue y sigo una premisa básica: “no molestar, ni ser molestado”. El bienestar de mis hijas y el mío está primero y así voy avanzando. Ya no veo, no sigo, no escucho, no nada, a quienes me hacen mal directamente e indirectamente. Alejada ando y seguiré, así voy bien. Finalmente, en mi vida, la única que decide quién pasa y quién no: SOY YO.

Me fui a Huaraz, agarré a mi hija mayor, mi carro y a mi papás y manejé hasta allá. Me fascina mi independencia, ir, salir, volver, quedarme. Ya ni la dependencia emocional me queda, eso es lo mejor, la que brinda más libertad. Así vamos, así voy. Lo que comenzó como un relato acerca de ayer, terminó siendo un update de cómo va  esta servidora estos días.

Un día a la vez.

Hablamos,

Lu

5 comments

  1. QUE ALEGRIA VER COMO CRECES Y FLORECES, QUE MUJER TAN FUERTE!

    SABES QUE JUSTO ESTA MAÑANA ME ACORDE DE TI CON UN SENTIMIENTO CLARISIMO! “EH, LU YA DEBE ESTAR ESCRIBIENDO UN LIBIRO, SOBRE QUE SERA, ME ENCANTARIA LEERLO”
    CUANTO VAMOS A QUE CUANDO LO PENSE ESTABAS ESCRIBIENDO EL POST!!!

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