Un -rico- invento

Era domingo 13 de enero, 1pm, me moría de hambre, tenía encima la pereza del mundo, estaba sola y a dieta. Ya no pude más, me llené de la poquita fuerza de voluntad que me quedaba  -esa que queda cuando mis hijas no están conmigo- y me levanté, corrí a la cocina y lo que pasó luego fue simplemente magia.

No como arroz (trato), no como papas (trato), no como harinas en general. Lleno mi hambre con verduras y frutas, poco aceite y harta agua. Es decir, ¿qué podía prepararme? Encontré una bolsa con fetuccini al huevo, ajá, pimientos, tomate cherry… y mi mente corrió a mil por hora. Seguí hurgando en la refrigeradora y encontré crema de leche, culantro, aceitunas y ajo.

Se apoderó de mi cuerpo ese chef que me sale a veces, afanosa, curiosa, intuitiva. Puse la sartén de teflón (que ya casi no tiene teflón, y voy apuntando comprar una en mi lista de cosas por renovar) en la hornilla más grande y hermosa de mi nueva cocina. Es que esta hornilla es la maravilla, es fuerte, intensa, apasionada… es decir, harto fuego sale de ella. Puse algo de aceite -y apunta que ya te estoy pasando mi receta/invento- y cuando ya estaba calientito puse pimiento cortado en cuadrados grandes, agregué pisco y plumm, flambeado perfecto. Oh el olor, si tan solo pudiera transmitirles el olor.

Seguimos, agregué un poquito de agua caliente, pero así bien poquito, se secó y agregué los tomates cherry cortados en cuatro. Más pisco, más flambeado (y confieso que me asusté porque el fuego llegó hasta el techo 😛 ), agregué una cuchara “generosa” de ajo molido, movía, saltaba, mezclaba. Algo de sal cayó por ahí, pimienta y comino también. ¿No creen que el comino es la base de todo? Yo sí.

Luego alguito de crema de leche, aceitunas y perejil. De repente el aroma riquísimo que había se esfumó, ya no estaba, olía horrible, ¿qué había pasado? 🙁 La crema de leche estaba malograda, y más muerta de hambre que antes, desesperada, frustrada y asada… ¡volví a empezar! Nuevamente los pimientos y blablabla. En vez de crema de leche agregué leche nada más, un poquito de sillao y al final una lata de atún.

Fetuccinis listos, toda la preparación anterior encima y lo demás fue puro placer para mi boca:

invento

Anímate a crear, combinar, disfrutar. No hay nada más rico que prepararse la comida uno mismo.

Hablamos,

Lu

Deja un comentario