Mi héroe.

De pequeños la mayoría de nosotros sintió que alguien era su héroe. Eran nuestros papás las figuras más comunes en las que poníamos toda nuestra confianza, y a quienes -llenos de imaginación- les atribuíamos los más grandiosos poderes: fuerza, habilidad para hacer y deshacer, para hacer aparecer y desaparecer, rayos láser, visión que traspasaba paredes, y un montón más.

A dos días de cumplir 32 años tengo un héroe, o mejor dicho: una pequeña GRAN heroína. Se llama Ana Cecilia, tiene 13 años, es mi hija mayor y tiene los poderes más impresionantes del mundo. Es hermosa, es fuerte, muy fuerte, demasiado fuerte. Es lógica y práctica, es un corazón andando. Está para sus papás cuando más lo necesitan, esperamos estar para ella también. Tiene la sabiduría de una mujer de 100 años, y la inocencia que trae su edad. Mi hija es mi héroe, quiero ser como ella cuando sea grande.

Es increíble, uno cree que sus hijos no entienden lo que sucede a su alrededor cuando son pequeños, que nos les va a afectar, que su opinión -pues bueno- será la de un niño que no tiene una visión completa de las cosas, que no sabe nada de la vida aún. Tremendo error, lo ven, lo saben, lo filtran, opinan, deciden y -a diferencia de los adultos- ellos SIGUEN CON SU VIDA.

No se detienen, tienen esperanza, tienen confianza, se tienen a ellos mismos. Mi hija es mi héroe y, repito, quiero ser como ella cuando sea grande.

Eres increíble Ana Cecilia, eres increíble.

Tu mamá.

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