Un invento poco generoso: “la culpa”.

Este domingo -como todos los días- Ale iba de un lado a otro, arriba, abajo, hablaba sin parar, preguntaba, se respondía, pedía, observaba, jugaba, corría, pedía pan con mantequilla… y entre toda su dinámica normal llegaron un par de amigos, grandes amigos, que observaban -felices y preocupados- a la gran Ale.

Uno de ellos, cauteloso, me preguntó: “Y, ¿no te cansas?, ¿no llega un momento en el que te olvidas que son hijos tuyos y quieres salir corriendo?”. Y, sí -le respondí- más de una vez.

Los niños son una locura, corren el día completo, preguntan y más, son incansables. Cuántas veces dijimos: “dónde están las baterías, ¡para sacárselas ya!”. Nada fuera de lo normal, los niños son así, purita vitalidad, energía y buen ánimo. Nada nuevo tampoco, siempre requieren atención, alguien que conteste sus preguntas, alguien que los aliente cuando se frustren, que lo abrace cuantas veces lo necesiten.

Después de mi respuesta, la culpa vino de inmediato: ¿Cómo es posible que diga que me canso, que quiero huir, si veo a mis hijas en la mañana unas horas, en la noche otras tantas y los fines de semana? ¿Cómo es posible que me canse si las veo muy poco?. Sentí aquello de lo que reniego siempre: culpa.

Más allá de las respuestas a mis preguntas hay un par de grandes verdades que deberíamos recordar siempre (y digo deberíamos porque seguramente tú también has sentido lo mismo que yo alguna vez), una de ellas es: que los niños necesitan tiempo, no hay otra manera de criarlos si no es dándoles ese tiempo.  Organizarse y priorizar se hace necesario. Y la otra gran verdad es que agotarse está permitido, pases o no mucho tiempo en casa. Estés en una oficina o te dediques a tu casa y a ellos.

La culpa es un invento muy poco generoso, dice la canción, pero es inevitable que en algún momento de nuestras vidas la vayamos a sentir. La clave del asunto es no quedarnos en ella, es ¿cómo hago yo para sentirme mejor? ¿cómo hago para mejorar la situación con la que entro en conflicto?. La clave es resolver, pero OJO, no hay receta. Tendremos que seguir nuestro propio instinto, harta lógica, paciencia a más no poder, apoyo del entorno y buena onda. Nadie dice que dejemos de trabajar, no seríamos las primeras madres que crían y trabajan fuera/dentro de casa. No tienes que dejarlo todo, tus sueños, tus metas, se trata de compartirlas con tus hijos y seguir.

Inevitable sentir culpa, pero totalmente reversible.

Hablamos,

Lu

4 comments

  1. Me costó darme cuenta, pero sí: agotarse está permitido. No quiero ser una “supermami”, sólo la mami que mis hijas necesitan. Punto. Y Feliz 😀

  2. hago mea culpa! buuu! si pues yo tmb suelo decir q me cansoooo! si los veo poquisimo! pero estoy en la pro de recuperar el tiempo ahora q Dios me ha bendecido con el sábado por la tarde libre! no quiero perderme estos momentos que estan chiquitos porque serán parte de sus recuerdos! Gracias Lu

Deja un comentario