La mañana, lo carros, la gente y sus historias.

Paso la vida manejando (y exagerando). Es decir, paso gran parte de mi tiempo intentado llegar temprano a la oficina, a mi casa, a una reunión, a ver a Marisa, a algún lado, siempre estoy “yendo” a algún lugar. Siempre manejando en el tráfico doloroso, violento y egoísta de Lima.

Ya está demás molestarme porque no llegaré a tiempo o porque me tiraron un carro encima. Ahora, mientras manejo, con la música del carro a absolutamente todo volúmen, veo a la gente en los otros carros, en la calle e imagino sus historias.

Los veo unos segundos y comienzo: Aquella señora que va pintándose aprovechando que el semáforo está en rojo (como hago yo), seguro no le alcanzó el tiempo. Seguro se levantó súper temprano, corrió con todo lo que tenía que hacer, pensó mil veces qué ponerse hoy, salió, pero olvidó maquillarse. Aquel chico, casi de 30, que va con los audífonos en el bus que está a mi costado. ¿Qué música estará escuchando? Parece feliz, parece que piensa en algo que lo hace feliz.

El señor que se pasa la luz roja… %$·&/ hombre, pienso. La chica que va discutiendo con el novio (o alguien cercano) unos carros delante del mio. Entiendo que discuten por la forma cómo ella le habla, lo mira y usa las manos para acentuar lo que va diciendo. Mano arriba, mano abajo, mano que muestra el rededor, mano que lo señala. Creo que él no hizo algo (o así lo cree ella), eso le reclama. Él maneja despacio, aturdido.

La señora que va a mi costado, cantando (como yo). Voltea, ve que la estoy observando y sonríe. Parece de buen humor, sigue cantando. Canta y disfruta, golpea el timón al ritmo de la música, cierra los ojos y canta fuerte (señora, no cierre los ojos, ¡está manejando!). El abuelito que maneja delante mío, ¡ay el abuelito! Paciencia, me repito.

El niño que maneja el tremendo carro que está detrás mio. “Papá -pienso- regálame un carro así”. Ojalá este niño sepa manejar, ojalá cuide el carrote, ojalá pare delante y me diga: “Lu, eres demasiado genial, llévate mi carro”… Y plum me toca el claxón para que avance más rápido, ¡niños!

La gente en la calle, la forma cómo están parados, sus caras al sol, el cansacio de algunos y el optimismo de otros. También veo la ropa: “viste esos zapatos, Lu, ¡quiero! y ese vestido también”, me digo a mi misma. Voy pensando en los pendientes, en cómo Ale gritó antes de que me fuera: “Madreeeeee, no te he dado besitoooooo”. En el almuerzo que no le dije a Tere que había que preparar hoy. En la reunión que tengo a las 9, en que aún no he tomado café…

Todo el tiempo voy pensando, en la gente que está a mi alrededor, en mi, en ustedes… Hasta que al fin llegué a algún lugar.

Hablamos,

Lu

4 comments

  1. Maquillarse mientras estamos en movimiento y llegar con una sonrisa…tarde…pero con una sonrisa no causa tanto malestar…(excepto al gerente machista que tengo que soportar en el trabajo) Yo mientras me desespero para elegir la vestimenta, preparar la leche de mi pequeña, Mientras hago malabares para cambiarle su pañal (sin que se despierte) y no olvidar dejar dosificados sus remedios me pregunto: Y este patita cómo hará…claro: fácil que tiene empleadas que lo hacen todo! Correteos del día a día, no?

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