Sarcopenia. Una epidemia silenciosa.

Un genial aporte del Médico Internista y Geriatra Roberto Salinas Durán acerca de uno de los padecimientos que sufren hombres y mujeres en la tercera de edad: Sarcopenia.

Cuando hablamos de sarcopenia solemos quedarnos un poco “en el aire” porque se trata de un término realmente poco conocido. Inclusive dentro del gremio médico, este puede resultar nuevo. Y es que su estudio es muy reciente, apenas 10 años, (consideremos por ejemplo que la enfermedad de Alzheimer fue descrita en 1907 (!).

Sarcopenia es la pérdida de masa, fuerza y función muscular producto de la edad. En realidad es un fenómeno conocido por todos pero muy poco estudiado y percibido como parte normal del envejecimiento. Se calcula que a la edad de 80 años uno ha perdido entre la mitad y los dos tercios de su masa muscular original.

La importancia de la sarcopenia radica en que está asociada a mayor frecuencia de caídas (y sus consecuencias), mayor riesgo de discapacidad, mayor riesgo de hospitalización, mayor riesgo de institucionalización (hospicios, casas de reposo), mayor mortalidad, y sobretodo a pérdida de la calidad de vida.

En el Perú, así como en otros países de economía emergente, la esperanza de vida se ha incrementado dramáticamente. Por ejemplo entre el censo de 1993 y la cifras del INEI del 2007, la población de 0 a 14 años disminuyó en casi 18%, mientras que el grupo de adultos mayores (de 65 años o mas) creció en 36%. Considerando que la sarcopenia es un fenómeno fuertemente asociado a la edad, tendremos pues una epidemia que será difícil de controlar.

Los estudios de la sarcopenia muestran son varios los factores que contribuyen a su desarrollo. Entre ellos está el sexo (las mujeres tienen menor masa muscular), la nutrición, el ejercicio, enfermedades concurrentes y por supuesto, el envejecimiento mismo con sus cambios físicos y hormonales. Algunos factores están fuera de nuestro control, sin embargo hay otros que podemos modificar, retrasando o inclusive evitando llegar al grado de sarcopenia en que estemos físicamente limitados. Los factores modificables son: ejercicio y nutrición.

Ejercicio: Los estudios demuestran que el reposo en cama nos acelera la pérdida de músculo. Por ejemplo, adultos jóvenes sometidos a reposo durante 28 días han perdido medio kilo de músculo (equivalente al 2% del músculo del muslo). Pero la figura es mucho mas dramática en los adultos mayores sanos, quienes con un reposo de solo 10 días pierden 1 kilogramo de músculo. Cuando se trata de adultos mayores enfermos (hospitalizados). ¡En apenas 3 días ya se perdió el kilogramo de músculo! Considerando esto, se han realizado una serie de estudios sobre el efecto del ejercicio en la sarcopenia y se ha llegado a importantes conclusiones. En primer lugar, no existe un límite de edad para beneficiarse del ejercicio. Los estudios demuestran el efecto beneficioso del ejercicio inclusive en nonagenarios. En segundo, el ejercicio debe ser de resistencia (pesas o máquinas). El ejercicio aeróbico es muy beneficioso desde el punto de vista cardiovascular, sin embargo no tiene ningún efecto sobre la pérdida de masa y fuerza muscular. Los estudios demuestran que la pérdida de músculo con la edad se produce igual en aquellos que realizan ejercicio aeróbico hasta edades muy avanzadas. Finalmente el ejercicio de resistencia aumenta no solamente la fuerza, sino la velocidad de la marcha y la potencia (por ejemplo para subir escaleras).

Dieta: Dentro de la dieta hay dos elementos centrales en relación a la sarcopenia: la vitamina D y las proteínas. Cuando tenemos deficiencia de vitamina D, como sucede con frecuencia cuando vamos envejeciendo, se pierde fuerza y masa muscular. El suplemento de vitamina D en adultos mayores, además de su beneficio sobre los huesos, reduce la pérdida de masa y fuerza musculares, reduce el riesgo de caídas y mejora la marcha. Por lo tanto es necesaria su suplementación.

Respecto a las proteínas, éstas pueden ser de origen animal o vegetal. Dentro de las de origen animal, de mucho mayor calidad que las vegetales, también existen diferencias dependiendo de los aminoácidos que ellas contengan (sobretodo aminoácidos esenciales, que son aquellos que nuestro organismo no produce y que necesariamente obtenemos de la dieta). Dentro de éstos aminoácidos existe uno que es de mayor importancia en lo que a músculo se refiere: la leucina, se ha demostrado que ésta última estimula la formación de músculo nuevo. Los adultos mayores, contrario a lo que anteriormente se creía, responden igual que los jóvenes al estimulo producido por los suplementos de aminoácidos, incrementando su producción de músculo. Los requerimientos de proteína se incrementan con la edad, contrario también a lo que era aceptado. Recientemente se ha encontrado que un derivado de la leucina (el hidroxi-beta-metilbutirato o HMB) no solamente estimula la formación, sino reduce su degradación.

En resumen podemos decir que la sarcopenia es un fenómeno universal asociado a la edad y a una serie de problemas de salud, incluyendo mayor mortalidad y pérdida de calidad de vida, pero que no es inevitable. Es necesario hacer ejercicio, no solamente aeróbico sino de resistencia y mantener una nutrición adecuada que incluya cantidades suficientes de aminoácidos y de vitamina D, en especial en la tercera edad.

Roberto Salinas Durán
Medico Internista y Geriatra (UNMSM y Universidad de Newcastle Upon Tyne)
Profesor de la UNMSM
Past – Presidente de la Sociedad Peruana de Geriatras
Clínica Anglo Americana

Es necesario prevenir a temprana edad y a tratar si es que ya se padece.

Hablamos,

Lu

Imagen: ufmg.br

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