Miedos infantiles.

Varias veces he “pescado” a mamás diciéndoles a su niños: “no vayas por ahí que está el cucu”, “si haces eso va a venir el cucu y te va a llevar”. ¿Sí o no?, mamás. Mi mamá lo ha hecho, yo alguna vez con Ani. No lo hacemos con mala intención, tratamos de que no hagan algo, pero la verdad es que lo hacemos de la manera equivocada.

Ale anda ahora con un profundo terror a la oscuridad, no va a ningún lado donde no haya luz. Con ella no se puede bajar el consumo de energía porque quieres TODAS las luces prendidas.

  • “Me da miedo mami”, me dice.
  • ¿Qué te da miedo?, le pregunto.
  • “EL MOUNSTRO”, me dice mi pequeña dramática.
Boooo. by Natascha Rosenberg

Me parece gracioso porque soy un adulto y sé que los cucos, mounstros y demás no existen (pero aún me da miedo la oscuridad, tengo que confesarlo), pero lo cierto es que todos los niños pequeños tienen temores, ya sea a cosas reales o imaginarias. La mayoría de nosotros nos las arreglamos para consolarlos y disminuir sus miedos, pero en algunos casos la ansiedad llega a dominarlos y la situación se podría salir de control”, dice en el texto que estoy leyendo acerca de los miedos infantiles.

“Las preocupaciones son parte del proceso de crecimiento y maduración. Es normal e incluso saludable que los niños se preocupen un poco, porque con ello adquieren las habilidades necesarias para afrontar los retos de la vida. Ponerse nerviosos antes de actuar en una obra de teatro o antes de presentar un examen importante motiva a los niños a esforzarse y a dar lo mejor de sí”, nos dice Marie Cumming, terapeuta familiar.

Pero existen preocupaciones que en vez de sentirlas como reto o desafío, los angustia. Bajo esas circunstancias un niño no puede resolver o afrontar lo que teme. Los niños a veces no comprenden qué les pasa y por tanto no pueden expresarlo, ante esto los padres a veces pasamos por alto sus inquietudes, las minimizamos o malinterpretamos. Un niño que siente miedo no necesariamente dice: “tengo temor hacia esto”, el miedo, la ansiedad y la angustia generada se manifiesta de diferentes maneras: mostrando timidez excesiva, irritabilidad e incluso rebeldía.

Para aliviar la ansiedad de nuestros niños podemos:

  • Enfrentas nuestros propios temores: Al preocuparnos demasiado, sin querer enseñamos a nuestros hijos a hacer lo mismo. Si eludimos nuestros miedos, ellos tampoco afrontarán los suyos.
  • Hablar abiertamente con nuestros hijos acerca de nuestros temores y sentimientos. Así entenderán que no minimizamos sus miedos, que te importan. Además refuerza la seguridad en sí mismos.

Además debemos:

  • Ayudar a nuestros hijos a salir de su caparazón. Anímenlos a convivir con otros niños y a practicar nuevas actividades y deportes sin abrumarlos. No se trata de poner en práctica todos los consejos a la vez, menos presión, más tranquilidad.
  • No los volvamos miedosos. Denle buenas razones para no temerle a las cosas. Hay que demostrarles que algunos de sus temores son infundados o improbables. “No existe el cucu”, para empezar.
  • Enseñémosles a controlar el miedo con el ejemplo.
  • Alentémoslos a encarar situaciones amenazadoras. Premiemos su valentía.
  • Demostremos que comprendemos sus temores.

El miedo es aprendido, no hay que promoverlo.

A sus niños ¿cómo les va?

Hablamos,

Lu

Fuentes: Selecciones, Reader´s Digest.

3 comments

  1. Muy linda la nota, es cierto no debemos promover el miedo, si no el amor y la paz, en nuestra casa mi esposo y yo amamos mucho a Dios, a Jesus, y tratamos de inculcarles este amor a mis hijitos , conversamos mucho, duermen con la luz apagada desde muy chiquititos y aunque aveces temen a soñar cosas feas mi esposo les lee todas las noches a mis pequeños ( de 3 y 4 años) una porcion de una biblia para niños, y oramos antes de dormir con ellos y creo que eso ha echo que sean niños bastante tranquilos y despreocupados, gracias, por sus linndas notas!! y darnos un lugar para compartir y reflexionar!

  2. A veces también es bueno seguir la imaginación del niño y afrontar el miedo desde una perspectiva divertida (…dependerá también de cada niño), mi hijo (ahora de 4 y medio) cuando tenía aproximadamente 3 años empezo a decir que no quería ir a algunos lugares que estaban oscuros porque había un mounstro, no era muy frecuente, no lo decía con mucho miedo pero por ejemplo lo inquietaba pasar de la cocina con luz a la sala apagada, entonces nosotros empezamos a jugar con él, entrábamos a la sala y:
    nosotros: ¿donde esta el mounstro?
    él: en el sillón
    nosotros: ¿que hace?
    él: duerme
    nosotros: entonces no hay que despertalo pobrecito debe haberse cansado de tanto jugar…que chistoso ronca
    él: se moría de la risa
    Se le pasó rapídisimo, ahora no le tiene miedo a la oscuridad y es uno de los pocos niños que cuando en el nido hacen juegos de que la profesora es el mounstro, mi hijo dice que es amigo del mounstro PLOP!!!!

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